martes, 20 de junio de 2017

Fleet Foxes contra Café Tacuba

Las comparaciones pueden ser odiosas, pero a veces también resultan muy útiles. Por ejemplo, cuando queremos entender el por qué de las abismales diferencias que existen entre la música contemporánea que se hace en México y la de otras latitudes del orbe.
  Los músicos nacionales de rock suelen afirmar que sus obras se encuentran a la altura de las de cualquier parte del mundo, incluidos los países anglosajones. Como frasecita nacionalista es muy bonita, pero en realidad se trata de una declaración que no se sustenta en la realidad y que no aguanta un análisis comparativo.
  Veamos dos discos recientes: el Crack-Up de Fleet Foxes y el Jei beibi de Café Tacuba.
  Crack-Up es un disco de una finura exquisita, música de atmósferas pastorales, con armonías vocales de belleza exultante, melodías perfectamente construidas y una variedad de sonidos que sin embargo mantiene una unidad estilística a toda prueba. Letras misteriosamente poéticas y un alma que permanece ahí para transmitirnos los más diversos sentimientos y sensaciones. Una obra a la vez emocional y cerebral, inteligente e intensa. Un álbum que entre más se le escucha más cosas nuevas se le descubren. Un trabajo musicalmente serio y a la vez pleno de matices y frescura.
  Jei beibi (juro que así se llama) es un plato indigesto y sin identidad que intenta ocultar su medianía artística en la corrección política y la promiscuidad popera. Carente de atmósferas creíbles, con voces chillonas y desagradables, sus melodías son elementales y los arreglos apenas correctos (y no siempre). Las letras resultan obvias y en ocasiones panfletarias. La emoción se siente impostada, cursi y melodramática. No hay identidad musical y al final el disco va a ninguna parte. Puede escuchársele muchas veces, sin que eso nos lleve a descubrir algo que nos sorprenda. Un trabajo plano y repetitivo que termina por resultar aburrido y monótono.
  Pues sí, las odiosas comparaciones.

(Mi columna "Gajes del orificio" de hoy en la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 19 de junio de 2017

Nunca me amará (una historia conocida)




domingo, 18 de junio de 2017

El hombre de mi vida

Hace algunos años estuvo de moda el filósofo italiano Francesco Alberoni, cuya mayor contribución fue la de hacer la distinción entre enamoramiento y amor. Yo no sé si exista tal diferencia. Lo que sí me queda claro es que, en términos amorosos, he vivido durante décadas en una terrible confusión. Por ejemplo hoy, en este momento de mi vida en el cual me acerco a cumplir (¡gulp!) mis primeras cinco décadas de existencia. Se supone que a estas alturas uno debería ser una persona madura, estable, serena. Y no. Para mi vergüenza soy exactamente lo contrario: inmaduro (sentimentalmente no he conseguido abandonar la adolescencia), inestable (puedo pasar de la calma al desasosiego en cuestión de segundos) y exaltado (no controlo mis sentimientos y una vez montado en el descontrol emocional, soy como chivo en cristalería). Si a esto agregamos mi propensión a enamorarme de mujeres mucho más jóvenes que yo, la mezcla resultante es perfectamente explosiva.
 Infortunado como he sido en mis intentos por conseguir pareja, puedo jactarme de mi enorme suerte para rodearme de las mejores amigas del mundo. Si yo pudiera hacerme amante de todas ellas, sin duda lograría algo muy cercano a ese estado de realización espiritual al cual los budistas llaman el nirvana y los políticos mexicanos denominan hueso. No obstante, para mi desgracia todas esas bellas, graciosas, liberales y sensuales amigas mías –cuyas edades fluctúan entre los veinte y los treinta y tantos años y cuyos estados civiles incluyen a solteras, casadas y divorciadas (aún no me toca una viuda)– no me ven como a un posible compañero de cama con quien pudieran desfogarse y dar rienda suelta a sus más bajos y deliciosos instintos. Por el contrario, me ven como su “amigo” y ya sabemos que cuando una mujer nos considera de ese modo, las probabilidades de acostarse con ella se reducen prácticamente a nada.
  Con todo, gracias a esta tendencia mía a la cual las mentes moralistas calificarían como de asaltacunas, he podido conocer muchas de las maneras como las nuevas y no tan nuevas generaciones actuales contemplan temas siempre apasionantes como el sexo, la seducción, los celos, la pasión y, por supuesto, el enamoramiento y el amor.
 Pongamos un caso como ejemplo, el de mi amiga Almendra. Se trata de una mujer de treinta y dos años, guapa, inteligente, competente, simpática, pero con muy serios problemas para hacer que sus relaciones duren algo más de tres semanas. Durante los últimos seis meses –y no miento– le conocí cinco novios, a cada uno de los cuales denominó, sin dudarlo un segundo, como “el hombre de mi vida”. Es decir que en un lapso de medio año tuvo a media decena de hombres de su vida. Aún recuerdo la manera como me describía a cada uno de estos sujetos cuando recién los conocía e iniciaba una relación con ellos y la forma como los denostaba apenas terminaban. En brevísimo tiempo pasaban de la perfección total (“es tierno, dulce, detallista, trabajador, responsable, gran amante”) a la más absoluta patanería (“es desobligado, mujeriego, desaseado, flojo, burdo, indiferente, pésimo amante”). Y así fue con todos: con el cineasta, con el musicólogo, con el camarógrafo y con el locutor (adivinaron, Almendra vivía en la colonia Condesa).
  En estos momentos, mi hermosa amiga se encuentra en un pequeño pueblo de España. En un reciente viaje a Europa, conoció a un gallego que la enamoró y de quien de inmediato dijo: “Es el hombre de mi vida”. Se supone que van a casarse pronto y que ella se quedará a vivir allá, aun cuando tengo mis bien fundamentadas dudas al respecto. La verdad sea dicha, prefiero esperar a que transcurran las tres semanas de rigor.

sábado, 17 de junio de 2017

Humorismo y polaca a la mexicana

Los mexicanos solemos contemplar con negra fatalidad todo lo que tiene que ver con la política. Negros nubarrones se posan sobre nuestras cabezas cada vez que vemos, leemos o escuchamos algo que se relaciona con nuestros políticos. El pesimismo nos abruma. El enojo nos consume. La amargura nos pesa como una losa.
  Yo diría que, para evitar una depresión generalizada, tendríamos que contemplar a la polaca nacional con ojos más irónicos y menos iracundos. Porque si nos fijamos bien, estamos rodeados de acontecimientos políticos francamente cómicos, de una ridiculez tal que debería movernos a risa y no al enfurruñamiento, a la franca carcajada y no a la diatriba indignada y rencorosa. El sentido del humor es lo único que puede salvarnos De otra manera, estaremos condenados al fatalisno y al miserabilismo que nos inculcó una educación sentimental basada en las telenovelas y el cine mexicano más pueril y melodramático.
  Dos ejemplos recientes de comicidad política:
  1. El caso del video del ex alcalde de San Damián Texóloc, Tlaxcala, Miguel Ángel Covarrubias, quien se fusiló un discurso del presidente Frank Underwood de House of Cards. Cuando el plagio fue descubierto, el pobre hombre balbuceó tantas incongruencias a fin de justificarse que lo hacen candidato ideal... para un especial de stand up comedy en Netflix.
  2. AMLO. La actuación de don Peje a lo largo de la campaña electoral por el Estado de México llevó su ya clásica y natural vis cómica a alturas insospechadas. Basta ver sus entrevistas con Ciro, con Pepe, con Carmen, espléndidas muestras de su delirante humor tropical. Para no hablar de sus mensajes por “las benditas redes sociales” la noche del 4 de junio –en los que, con su conocida sonrisa sarcástica, dio rienda suelta a sus chascarrillos contra la mafia en el poder– o el deslinde del “mercenario, politiquero y oportunista” PRD que hizo el domingo pasado.
  Humorismo político a la mexicana. Tenemos que apreciarlo... y disfrutarlo.
(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

jueves, 15 de junio de 2017

Desconcierto, confusión

Verla hoy fue lindo, pero fue extraño. No es tanto el tiempo transcurrido y sin embargo es como si lo fuera. La sentí un tanto alejada, un poco distante. Insisto: me encantó reencontrarme con ella. Pero después de todo lo que vivimos, de todo lo que pasamos con tanta intensidad, me resultó raro sentirla así, sentirme así ante ella, como si fuéramos ajenos. ¿Se alejó ya o fue el desconcierto de sentarnos en una impersonal mesa de café? No lo sé. Verla de nuevo podrá aclararlo.

miércoles, 14 de junio de 2017

El "Fragile" de Yes

El cuarto trabajo discográfico de Yes sigue siendo el más significativo de todos los que realizó a lo largo de su prolongada, productiva y contradictoria carrera. Aunque tal vez no se encuentre a la altura de Close to the Edge (1973), Fragile (1972) fundó por completo el estilo más que reconocible del quinteto con su fomación clásica: Jon Anderson (voz), Steve Howe (guitarras), Rick Wakeman (teclados), Chris Squire (bajo) y Bill Bruford (batería).
  Marcado por el éxito de su larga composición, la extraordinaria “Roundabout” (que en la radio era transmitida en una versión corta), el disco navega a través de aguas al mismo tiempo procelosas y tranquilas, con las variaciones y cambios de armonía, melodía y ritmo tan característicos del grupo. Letras fantasiosas que coquetean con la ciencia ficción son el contenido perfecto para el marco instrumental de Wakeman desde sus apabullantes órganos, melotrones y sintetizadores. Habrá que mencionar también, por supuesto, al impresionante trabajo guitarrístico de Howe y a las vocalizaciones de Anderson, sin olvidar a la precisa y apabullante sección rítmica.
  Aunque “Roundabout” es el highlight del plato, otras composiciones resultan tanto o más buenas, caso sobre todo de las magníficas “Long Distance Runaround” y “Heart of the Sunrise”.
  Una obra redonda.

(Reseña publicada originalmente en el especial de La Mosca en la Pared No. 46, editado en febrero de 2008 y dedicado al rock progresivo; fue el último número de la serie en aparecer)

martes, 13 de junio de 2017

¡Chuck Berry vive!

Un viejo chiste contaba que un voceador salía a las calles con un paquete de periódicos cuyas ocho columnas rezaban: “¡Pedro Infante vive!” y que muchos incautos los compraban, pero al darse cuenta de que era una noticia falsa y reclamar al fraudulento este se defendía señalando unas letras pequeñitas que decían: “Vive en el corazón de todos los mexicanos”.
  Lo anterior podría aplicarse a Chuck Berry, fallecido hace apenas tres meses, aunque desde otro enfoque: el discográfico. No por la extensa cantidad de álbumes y sencillos que grabó sino por la grata sorpresa de su disco póstumo, llamado simplemente Chuck y que acaba de aparecer el pasado viernes, bajo el sello Dualtone Music.
  No se trata de una recopilación de éxitos, sino de una decena de temas inéditos que escribió en sus años de vejez (recordemos que al morir tenía 90 años cumplidos). Lo mejor es que todos los cortes son estupendos y abarcan por entero la variedad de estilos que Berry manejó como compositor dentro del blues y, claro, del rock n’ roll.
  Las canciones fueron compuestas entre 1980 y 2016 y grabadas después de 2001. Se trata del mejor epílogo a la carrera de este genio (y escribo genio sin la menor exageración) de la música popular estadounidense, una especie de testamento lleno de sinceridad, ingeniosas letras y rocanrol de primerísimo línea.
  Como decía, Chuck abarca diez canciones y prácticamente diez estilos distintos que dan una gran variedad al álbum. Su voz suena como en sus mejores tiempos y su guitarra no se diga: es perfecta, lo cual podemos escuchar en cortes como “Wonderful Woman”, “Big Boys”, “She Stills Loves You”, “Dutchman” o la divertida “Lady B. Good”, obvio homenaje, riff incluido, a su pieza más conocida.
  No estamos ante una obra fruto de la nostalgia por los tiempos idos. Tampoco frente a un disco hecho al vapor. Al contrario, todo suena fresco, auténtico y sincero, música hecha por el gusto de hacerla. Sin duda: Chuck Berry vive.

(Texto publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 12 de junio de 2017

10 años ininterrumpidos de "El rojo y el negro"

Hoy, 12 de junio, este blog cumple 12 años de vida. Desde el 12 de junio de 2007, no he dejado de escribirlo un solo día. Son 3655 entradas, equivalentes a otros tantos días. Mi vida y mis publicaciones en este decenio están contenidas en este mi querido El rojo y el negro que espero seguir publicando por muchos años más. Gracias a quienes lo siguen o lo han leído cuando menos una vez al asomarse a él (son cerca de un millón de visitas en estos diez años). Gracias también a quienes han dejado sus opiniones. De verdad.

domingo, 11 de junio de 2017

Abbey Road

Aunque se trata del último disco que hicieron los Beatles, no fue el último que apareció (Let It Be se grabó primero, pero salió bastante después).
  Verdadero álbum póstumo de un grupo que se desintegraba en forma inevitable, paradójicamente Abbey Road (1969 ) no refleja la crisis por la cual pasaban los cuatro músicos de Liverpool. Si las sesiones de The Beatles y de Let It Be habían sido tensas y complicadas, incluso contenidamente bruscas, los trabajos de grabación del disco postrero resultaron cuando menos tranquilas y el único negrito en el arroz fue la inconformidad de John Lennon respecto al potpurrí final (el que va de “You Never Give Me Your Money” a “The End”), ya que le pareció artificial y hechizo y en su opinión ese segmento debió estar conformado por las mismas canciones, pero independientes y separadas entre sí. No obstante, esta vez se impuso la voluntad de Paul McCartney y el productor George Martin, quienes de algún modo tomaron revancha de lo que había sucedido con la mezcla final del Let It Be, para la cual no se les tomó en cuenta.
  Abbey Road es una obra impecable, una de las más finas y pulidas grabaciones de la agrupación. Es como un súmmum de toda la discografía beatle. Por un lado, contiene elementos de producción que se escucharon en Revolver y Sgt. Pepper, pero también está presente la labor más de grupo de los primeros álbumes, así como el sonido menos pretencioso de trabajos como Rubber Soul, el Álbum Blanco e incluso el propio Let It Be. Por otra parte, se trata de la consagración de George Harrison como compositor, al contribuir con los dos temas más exitosos del disco: las preciosas “Something” y “Here Comes The Sun”.
  Lennon y McCartney –cada uno por su lado, por supuesto– contribuyeron con canciones excelentes, como “Come Together”, “I Want You (She's So Heavy)”, “Sun King”, “Mean Mr. Mustard”, “Polythene Pam” y esa cumbre de las armonías vocales que es “Because” (todas de John) y “Oh! Darling”, “Maxwell's Silver Hammer”, “You Never Give Me Your Money”, “She Came in Through the Bathroom Window”, “Carry That Weight”, “The End” y hasta la breve y juguetona coda que es “Her Majesty” (todas de Paul). Ringo Starr, por su parte, volvió a hacerse presente, esta vez con la infantil y graciosa “ Octopus's Garden”.
  Como obra final de los Beatles, Abbey Road no es sólo un álbum digno, sino francamente extraordinario.


(Reseña que escribí originalmente para el Especial No. 8 de La Mosca en la Pared, publicado en febrero de 2004)

sábado, 10 de junio de 2017

Los perdedores del Edomex

Durante la semana he visto comentarios, en medios escritos y electrónicos, en los cuales se opina sobre los ganadores y perdedores “morales” de la muy reciente contienda por la gubernatura en el Estado de México.
  ¿Hubo perdedores morales? Sí. ¿Hubo ganadores? No estoy tan seguro.
  Aunque no fue el único, pienso que en ese sentido el gran derrotado en la campaña mexiquense fue Andrés Manuel López Obrador, a pesar de que el partido de su propiedad, su juguete político, Morena, se haya levantado con más de un millón y medio de votos.
  La razón es simple. AMLO perdió en su calidad de verdadero candidato a gobernador del Edomex. Aunque Delfina Gómez haya aparecido en las boletas como la aspirante oficial morenista, el verdadero contendiente fue don Peje. En su afán por controlarlo todo, Andrés Manuel utilizó a su antojo a “la maestra Delfina” y puede usted estar seguro, estimado lector, de que él hubiera sido el poder tras el trono en el Palacio de Gobierno de Toluca, el real y legítimo gobernador del Edomex.
  Por eso pienso que al írsele tamaña oportunidad, Andrés Manuel sufrió en lo cuantitativo una derrota estrepitosa: ya no podrá contar con el fantástico presupuesto de esa entidad para invertirlo en su campaña rumbo a la presidencia en el 2018.
  Creo también que él lo sabe y la prueba fue que el domingo, a la hora de dar la cara y abrazar a Delfina en la derrota, prefirió quedarse cómodamente en casita para consolarse grabando videos contra “el fraude y la mafia en el poder” para “las benditas redes sociales” (sic).
  Claro, también el PRI y el presidente Peña Nieto perdieron mucho: nada menos que la mitad de los votos logrados por su candidato hace seis años. Tienen doce meses para tratar de resarcirse, aunque se ve más que difícil.
  Y qué decir del PAN y su estridente derrumbe, incluso en los conservadores municipios de la zona conurbada poniente.
  Como en una pirinola diabólica, todos perdieron (menos, ¿quizá?, Juan Zepeda y el PRD).

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 9 de junio de 2017

Para dártelas de entendido en rock (15)

Los Ramones tomaron de Paul McCartney la idea de su nombre como grupo y la de que todos ellos deberían apellidarse de igual manera (Joey Ramone, Tommy Ramone, Johnny Ramone, etcétera). McCartney se hizo llamar Paul Ramon en 1960, cuando los Silver Beatles (como eran conocidos en ese tiempo) emprendieron una gira por Escocia como grupo acompañante del hoy olvidado cantante Johnny Gentle.

jueves, 8 de junio de 2017

Dan Auerbach: tan lejos de los Black Keys y tan cerca del pop setentero

Waiting on a Song (Nonesuch, 2017), el flamante segundo álbum como solista del líder de The Black Keys, es una obra muy gratamente rock popera, en la que el otrora duro guitarrista de los riffs desgarrados y el sonido seco y austero nos sorprende con un conjunto de canciones amables y melodiosas que remite lo mismo a Buddy Holly que a los Traveling Wilburys y lo mismo a Jeff Lynne que a Neil Young, JJ Cale o Al Green.
  En 2010, Auerbach se mudó de su natal Akron, Ohio, a Nashville, donde instaló un estudio de grabación y empezó a diversificar sus actividades y su sonido, algo que se notó en los cambios musicales de los Black Keys.
  Gran guitarrista, excelente compositor, aceptable cantante, buen productor (ha producido lo mismo a Dr. John que a Lana del Rey), en 2009 había grabado su primer disco solista (Keep It Hid), muy apegado aún a sus raíces blueseras y rocanroleras, pero ocho años más tarde llega con su nuevo trabajo, en el que incursiona en una especie de soul–country–pop setentero con muchas reminiscencias también al country rock de finales de los cincuenta y al soul del Memphis de los sesenta.
  Con músicos invitados de primerísimo nivel e incluso legendarios como Duane Eddy, Mark Knopfler y John Prine, Waiting on a Song es un álbum variado y disfrutable, excelentemente producido, de gran finura, con canciones tan buenas como “Shine on Me”, “King of a One Horse Town”, “Never in My Wildest Dreams”, “Stand by My Girl”, “Cherrybomb” (“ella era más dulce que un pay de manzana, pero se fue tan pronto como me quedé sin dinero”) o la homónima abridora (“las canciones no crecen en los árboles, tienes que irlas recogiendo en la brisa”).
  Un disco más que recomendable.

(Publicado el día de hoy en "Acordes y desacordes", el sitio de música de la revista Nexos; el video lo publiqué en mi canal de YouTube Videos moscosos)


miércoles, 7 de junio de 2017

Word of Mouth

Posiblemente el último gran disco de los Kinks como grupo, Word of Mouth (1989) supera a sus dos antecesores inmediatos (Give the People What They Want y State of Confusion), mismos que aun cuando son buenos trabajos, no alcanzan las alturas de este de boca en boca.
  Todas las canciones de este álbum logran un gran nivel artístico y el mismo jamás decae, mucho menos cuando Word of Mouth inicia con una pieza tan contagiosa como la regocijante y sacudidora “Do It Again”, la cual –luego de una introducción a la Pete Townshend y un riff muy a la kink, es decir, a la Dave Davies– nos dice que nunca es tarde para volver a empezar. La homónima “Word of Mouth” habla sobre la incomunicación y los malos entendidos cuando las noticias corren de boca en boca (“The word of mouth says that I’ve gone insane / That wine and women have affected my brain / Well, who’s the big mouth spreading the news again?”). “Good Day” es una linda balada muy al estilo de Ray Davies: agridulce, melodiosa, entrañable, pero con un dejo de tristeza y pesimismo. Por su parte, “Living on a Thin Line”, de Dave Davies, es una de las cumbres del disco. Qué gran canción. Un poema desencantado sobre la Inglaterra de esos años, sobre su gobierno, su sociedad, su grisura. Una delicada joya, conmovedoramente interpretada por el guitarrista, a la que sigue el rompimiento proto punk de “Sold Me Out”, rabiosa queja de Ray Davies contra el imperio del dinero.
  El segundo lado del álbum contiene seis cortes sin desperdicio. “Massive Reductions” es el amargo relato de un hombre a quien echan de su trabajo (“They’re laying me off all because of inflation / I’m losing my job and my reputation”), mientras que “Guilty” (también de Dave Davies) es casi una proclama revolucionaria con un beat muy punky y a la vez muy The Who en Quadrophenia. “Too Hot” es un rockcito simpático y juguetón, musicalmente parecido a su éxitosa “Come Dancing”, que fustiga a quienes rinden culto al fisiculturismo y “Missing Persons” no puede evitar caer en cierta solemnidad, al tratar el tema de los desaparecidos (aun Ray Davies ha tenido sus momentos políticamente correctos). Word of Mouth termina con “Summer’s Gone”, un tema nostálgico que rememora lo que alguna vez tuvimos y no supimos aquilatar, y “Going Solo”, una evocadora y a la vez terrible tonada sobre un padre atónito, a quien su “desagradecida” hija decide abandonar, así, simplemente, sin avisar que se va de casa (exacto, como en “She’s Leaving Home” de los Beatles). Un disco que no puede faltar en una colección discográfica de los Kinks que se respete.

(Reseña que escribí para el Especial de La Mosca en la Pared No. 43, dedicado a los Kinks y publicado en octubre de 2007)

martes, 6 de junio de 2017

Juan Zepeda: ese chavo de onda

Al fin terminó el denso y agobiante proceso electoral en el Estado de México, al parecer con el triunfo por una nariz del candidato priista (en Facebook escribí: “La mala noticia: ganó, el PRI en el Edomex; la buena: no ganó Morena”).
  Como comenté el sábado en mi columna política “Cámara húngara” de Milenio, la revelación fue el aspirante a la gubernatura por el Partido de la Revolución Mexicana, el singular Juan Zepeda, ex presidente municipal de Ciudad Nezahualcóyotl.
  ¿Por qué menciono a este joven político en un espacio que habitualmente trata sobre temas musicales? Por una simple y sencilla razón que ya muchos lectores seguro conocen: los antecedentes rockeriles de Zepeda.
  Aunque al parecer nunca se dedicó formal y/o profesionalmente a la música, el hombre que quedó en tercer lugar en las preferencias de los votantes mexiquenses sí realizó algunos intentos en su temprana juventud (hay que ver sus fotos con la greña larga) y cuando menos canta con cierta afinación (no mucha, mas si tomamos en cuenta que en el rock que se hace en México los vocalistas masculinos tienen una tradición histórica de cantar feo pero mal; Juan Zepeda no se sale del común denominador).
  Durante la campaña, lo mismo se le vio interpretar una de Rockdrigo González al lado de un dueto callejero que subirse al estrado con Tex Tex (se colgó una guitarra, aunque no tocó un solo acorde, según deja ver el respectivo video de YouTube; pero sí cantó).
  A lo que voy es a que Zepeda (¿o Zepp–eda?) posee ese espíritu rocanrolero que rompe con solemnidades y lo hace contrastar con el acartonamiento de los políticos tradicionales (basta con ver a sus rivales de la misma contienda –Del Mazo, Josefina, Delfina– y su lenguaje corporal momificado).
  ¿Cuál es el futuro de Juan Zepeda? ¿Será el candidato del PRD para la grande o aún está muy verde? Quizá más que en Palacio Nacional terminemos por verlo al frente de un grupo de rock urbano en el próximo Vive Latino. Porque es un chavo de onda y le gusta el rocanrol.

(Publicado el día de hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 5 de junio de 2017

Dirty

Producido por Butch Vig, Dirty (1992) es (junto con su predecesor Goo, de 1990) algo así como el álbum grungero de Sonic Youth, no sólo desde un punto de vista cronológico sino también desde uno musical.
  Lejos de que eso sea un defecto, la grabación de este disco demostró que el grupo iba por el buen camino de la apertura y la amplitud de miras, sin traicionarse jamás a sí mismo.
  Con una fuerte presencia –más punkroquera y menos noise– de las guitarras de Thorston Moore y Lee Ranaldo, esta obra posee una muy especial frescura, tal como lo demuestra el corte inicial, el sensacional “100%”, una pieza con la fuerza suficiente para remover las entrañas de cualquier rocanrolero de cepa en cualquier época. Pero lo mismo puede decirse de la densísima “Swimsuit Issue” (Kim Gordon a plenitud), la extrañamente bella “Theresa’s Sound World”, la extraordinaria “Drunken Butterfly” (cuando Gordon canta “I love you, I love you, I love you, what’s your name?” del modo como lo canta, uno no puede sentir sino escalofríos), la sobrecogedora “Shoot”, la intensa “Wish Fulfillment” (cantada por Lee Ranaldo), la rocanrolerísima y velvetundergroundiana “Sugar Kane”, la estridente “Orange Rolls, Angel’s Spit”, la sobrepolitizada “Youth Against Fascism”, la inenarrable “Nic Fit”, la seductora “On the Strip”, la muy militante y magnífica “Chapel Hill”, la fuera de serie “JC”, la graciosa y contundente “Purr” y la conclusiva “Créme Brûlèe”.
  Dirty es una obra directa y sin concesiones, pero en el fondo es, sobre todo, un esplendoroso disco de rocanrol.

(Reseña que escribí originalmente para el Especial de La Mosca en la Pared No. 39, publicado en abril de 2007 y dedicado a Sonic Youth)

domingo, 4 de junio de 2017

Cuestionario beatlero


Alguien, hace unos meses, me mandó este cuestionario sobre los Beatles para que se lo respondiera (no recuerdo si era para un trabajo escolar o algo así), lo cual hice, aunque dicha persona jamás volvió a comunicarse conmigo. Lo publico aquí, para que no se desperdicie.

1.-¿Desde hace cuanto comenzó tu afición por la música de The Beatles y cómo se dio este primer encuentro?
Desde muy niño, cuando tenía nueve años de edad, en 1964, y mi hermano Sergio llevó a casa los primeros discos de 45 rpm de los Beatles, con canciones como “She Loves You” y “A Hard Day’s Night”. Los escuchaba a diario.

2.-¿Consideras que éste es el grupo donde más facilmente se encuentran "villamelones"?
Yo creo que sí, porque finalmente son el grupo más célebre de la historia y muchos se dicen sus seguidores cuando apenas conocen algunas de sus canciones.

3.-Desde tu punto de vista, ¿a qué crees que se deba que esta banda tiene seguidores más fieles y representa mayores ventas a diferencia de otros de sus contemporáneos? (ej: Rolling Stones, Led Zeppelin, Pink Floyd, etcétera).
Porque su música es muy diferente a la del resto de los grupos de rock o de rock pop de la historia. Nadie como ellos para crear melodías finísimas y memorables. Lograron que sus canciones fueran accesibles para el gran público sin sacrificar en momento alguno la calidad.

4.-Según tu opinión: si los Beatles no se hubieran separado, ¿crees que hubieran sido tan longevos como los Rolling Stones (por poner un ejemplo) o supieron detenerse a tiempo?
No lo sé, pero creo que tarde o temprano se hubieran separado. Sus diferencias personales y musicales ya eran demasiado fuertes y tensas desde fines de los sesenta, así que no me los imagino durando juntos cuarenta o cincuenta años más.

5.- ¿Qué características posee el público mexicano como para profesar ese culto a ellos?
Pues tampoco lo sé, pero de que pegaron aquí desde hace más de medio siglo, no hay duda.

6.- ¿Pasa lo mismo en otros países de América Latina?
Lo desconozco, pero lo dudo.

7.- ¿Consideras que en México se ha vivido una especie de reivindicación con espectáculos como el año pasado de Paul McCartney tras haber sido censurados por la administración de Uruchurtu en los 60?
No creo que una cosa tenga que ver con la otra. Ya nadie se acuerda de Uruchurtu.

8.- ¿Crees que pesar de todo, se ha caído un poco en la sobrevaloración y el endiosamiento
Sobrevaloración: no la veo. Endiosamiento: el mismo que se da en todos los casos de fanatismo, llámese Caifanes o Justin Bieber.

9.- A tu modo de ver, ¿existieron otros proyectos/bandas en esa década de los 60 que quizá hubieran merecido recibir más atención?
Por supuesto: los mismos Rolling Stones, The Who, los Kinks, Traffic, Jimi Hendrix. Pero todos carecían de ese componente pop universal del que sí gozó la música de los Beatles.

10.- ¿A qué crees que se deba que nuevas generaciones, incluso niños, se sientan más atraídos por su música que otros?
Por la facilidad melódica de las composiciones beatlescas. Sus melodías son tan buenas y atractivas que atrapan al escucha infantil.

11.- ¿Consideras que ésta es una buena forma de iniciarlos en gustos roqueros para pasar a proyectos de la misma calidad pero quizá menos populares?
Sí, lo es y conozco muchos casos de niños que le entraron al rock por medio de los Beatles.

sábado, 3 de junio de 2017

Edomex: ya hay un ganador

Mañana son las elecciones en el Estado de México. Ya hay quienes las califican como las más cochinas de la historia y quizá no les falte razón. Las acusaciones entre los diversos candidatos estuvieron a la orden del día, lo mismo que los insultos, las difamaciones, las amenazas, los golpes por debajo y por encima de la mesa... En fin: la guerra sucia a plenitud.
  Pero todo lo que vimos en ese Mordor a la mexicana es nada, comparado con lo que vendrá en las elecciones presidenciales del año próximo. Si en las campañas mexiquenses conocimos dos o tres de los círculos del infierno de Dante, en el 2018 visitaremos el resto.
  ¿Quién ganará este domingo en territorio choricero? Nadie lo puede saber y todo puede pasar (incertidumbre democrática la llaman y qué bueno que aún exista). ¿Será Josefina, será Alfredo, será Delfina? Chi lo sa.
  Lo que sí me queda claro es que en tan inmunda y astrosa contienda ya hay al menos un ganador moral, alguien que a pesar de los pesares supo mantener el estilo y quien, contra todos los pronósticos, fue avanzando poco a poco hasta situarse (posicionarse, dicen los que lastiman el idioma) en una ubicación que si bien no le dará la victoria, sí lo elevó hasta alturas insospechadas.
  Hablo, por supuesto, del candidato del Partido de la Revolución Democrática, Juan Zepeda, a quien muchos no conocíamos y que de pronto se convirtió en un personaje que despierta simpatías por su carisma, su inteligencia, su juventud, su frescura, su sencillez, su buen humor, su capacidad política y sobre todo su dignidad, al no dejarse mangonear por el jefe de Morena y responder con valentía e ingenio a cada una de sus invectivas. Incluso fue el menos atacado por los otros. Por algo será.
  Zepeda vio subir sus bonos y tal vez si la campaña hubiese durado un mes más, habría encabezado las preferencias de voto.
  Ojalá que en el PRD se den cuenta de que tienen a un garbanzo de a libra y sepan aprovecharlo. Incluso para el 2018. Hay quienes deben estar temblando ante su potencial.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 2 de junio de 2017

Para dártelas de entendido en rock (14)

"Yesterday", de los Beatles, fue compuesta por Paul McCartney y apareció en 1965 en el álbum Help!. Dos años más tarde, ya existían 466 covers de la canción. Hoy día, algunos exagerados calculan que existen más de 4 mil versiones, aunque otros más moderados piensan que son aproximadamente mil 600.

jueves, 1 de junio de 2017

50 años del Sargento Pimienta

La obra por antonomasia de los Beatles. A 50 años de distancia, La Banda del Club de los Corazones Solitarios del Sargento Pimienta continúa tan fresco y vigente como cuando fue grabado.
  Tersa continuación de su antecesor, el espléndido Revolver de 1966, Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band vale tanto por su intrínseca calidad artística como por su significado cultural y quizás incluso más por esto. El momento en el cual apareció provocó que el mundo entero se revolucionara, creando un hito, un antes y un después cuyos efectos no terminan de asentarse hoy día.
  Como pieza estrictamente musical, puede decirse que a pesar de su fallida intención conceptualista es, de todas maneras y por donde se le escuche, una obra maestra. Si Revolver fue el gran paso hacia la transformación de los Beatles en algo más que un simple grupo de rock, el Sgt. Pepper es la consolidación de ese paso y el ingreso del cuarteto al Olimpo de la historia de la música.
  Lo que en un principio quiso ser una especie de revista de variedades con tintes al mismo tiempo de music hall y psicodelia, jamás pudo cuajar como tal. Salvo la introductoria pieza homonima (más su reprise) y la subsiguiente “With a Little Help from My Friends”, cantada por Ringo Starr en su papel de Billy Shears, el resto del material no tiene relación entre sí y lo único que lo unifica a medias es el modo como las canciones van enlazadas, prácticamente sin espacios silenciosos entre una y otra. Resulta claro entonces que la idea original de Paul McCartney no se concretó (algo que le sucedería con otros proyectos posteriores, sobre todo con el álbum Let It Be). No obstante, el que a final de cuentas no haya sido un opus conceptual es lo de menos, ya que todas sus canciones son tan buenas que trascienden cualquier consideración al respecto.
  Hay aquí joyas exquisitas como “She’s Leaving Home”, un portento melódico que puede remitir incluso a la música de Felix Mendelsshon. O la esplendorosa “Lucy in the Sky with Diamonds” que tanta polemica causó por llevar supuestamente las iniciales LSD en su título, cuando en realidad –o eso juraba su autor, John Lennon– estaba inspirada en un dibujo de Julian, su pequeño hijo.
  Tan variado como Revolver, Sgt. Pepper recorre una colorida paleta de estilos que va de la vodevilesca “When I’m Sixty Four” a la engañosamente optimista “Gettin Bettter”, de la irónica “I’m Fixing a Hole” a la irresitible “Lovely Rita”, sin olvidar la circense (en todos sentidos) y naïve “Being for the Benefit of Mr. Kite”, la hinduista y espléndida “Within You Without You” (única contribución de George Harrison al álbum) y la chispeante “Good Morning Good Morning”.
  Mención aparte merece la que sin duda es la mejor composición del disco: la impresionante “A Day in the Life”, concebida en su mayor parte por Lennon y un verdadero tour de force instrumental y letrístico –con el intermesso de McCartney incluido. De impecable construcción, con inteligentes y efectivas yuxtaposiciones rítmicas, armónicas y melódicas, con una orquestación que lleva a un gran climax, “Un día en la vida” es la coda perfecta, la conclusión grandiosa y a la vez siniestra de una obra monumental que jamás cae en los excesos o la grandilocuencia.

(Texto de mi autoría, publicado el día de hoy en el diario El Financiero)

miércoles, 31 de mayo de 2017

Gregg Allman y la sombra del hermano incómodo

Dentro de las muchas discusiones bizantinas que se dan entre los aficionados al rock, una de las más apasionadas (y en momentos hasta apasionantes) es la referida a cuál es el mejor disco en concierto (muchos dicen “en vivo”, pero hasta donde entiendo, los discos en estudio también los graban músicos vivitos y coleando) de todos los tiempos y uno que suele llevarse el primer lugar es el At Fillmore East (Mercury, 1971) de la Allman Brothers Band.
  No les falta razón a sus favorecedores. Se trata de un excelso álbum doble que refleja perfectamente lo que eran las presentaciones de esa agrupación surgida a finales de los años sesenta del siglo pasado.
  En ese trabajo podemos apreciar a plenitud el talento de cada uno de los músicos, pero en especial de la gran guitarra slide de Duane Allman y de la espléndida voz y el inconfundible órgano Hammond de su hermano menor, Gregg, al tiempo que interpretan largas y fabulosas versiones (prácticamente jam sessions) de temas como “Statesboro Blues”, “Stormy Monday”, “You Don’t Love Me”, “In Memory of Elizabeth Reed” y “Whipping Post”, esta compuesta por Gregg Allman y con más de 22 minutos de duración.
  Gregory LeNoir Allman nació el 8 de diciembre de 1947 en Nashville, Tennessee, poco más de un año después que su hermano Duane. Su padre, un militar, fue asesinado en una riña de cantina y la familia se  mudó a Norfolk, Virginia en 1949. Años más tarde, siendo un adolescente, Gregg trabajó para comprarse una guitarra, misma de la que se adueñó su consanguíneo y cuando poco después se mudaron a Daytona Beach, en Florida, se les ocurrió la idea de formar una banda interracial, cosa que escandalizó a su muy racista madre. Aun así, formaron a los House Rockers y ahí nació todo (en 1976, Gregg Allman contó esta historia y otras anécdotas sobre el grupo al muy joven periodista Cameron Crowe, quien las publicó como nota de portada en Rolling Stone y las usó como inspiración para filmar, en el año 2000, su célebre cinta Almost Famous).
  En 1965, el conjunto cambió su nombre a Allman Joys y se mudó a Los Ángeles, poco después de que Gregg se graduara en la Seabreeze High School. Una vez en California y para evitar el servicio militar, el joven músico se dio un tiro en el pie y salvó la posibilidad de ser mandado a Vietnam. Con todo y su extremidad dañada, siguió adelante y en 1969, en Jacksonville, Florida, los hermanos cambiaron de músicos y fundaron The Allman Brothers Band, al lado de Dickey Betts (guitarra), Berry Oakley (bajo), Jai Johanny Johansson (batería) y Butch Trucks (segunda batería y quien falleció apenas en enero pasado, a los 69 años, algo que lamentó con mucho dolor Gregg Allman, sin imaginar que lo alcanzaría apenas cuatro meses después y con la misma edad).
  La de este sexteto sería una carrera corta y fulgurante, ya que en octubre de 1971 Duane se mató en un accidente de motocicleta. Fueron dos años en los que los hermanos alcanzaron a grabar un álbum en estudio (The Allman Brothers, 1969), uno en concierto (el ya mencionado At the Fillmore) y uno doble con partes en estudio y partes “en vivo” (Eat a Peach, que apareció en 1972, meses después de la muerte de Duane Allman, quien en 1970 había formado parte de Derek and the Dominos en su extraordinario álbum, Layla and Other Assorted Love Songs, al lado de Eric Clapton). Sin embargo, a pesar de la brevedad del grupo original, sus integrantes y en especial los dos hermanos lograron dar forma al estilo que hoy se conoce como rock sureño, es decir, un rock fuerte, casi duro, con elementos del blues, el jazz y el country, pero con un sentimiento muy del sur estadounidense, con todo lo que eso implica musical, artística, cultural y hasta socialmente. Otros grupos como Lynyrd Skynyrd, The Marshall Tucker Band o Georgia Satellites seguirían su huella.
  Ya sin su querido y entrañable hermano, Gregg continuó al frente de la banda e hizo una quincena de discos (algunos tan buenos como Brothers and Sisters de 1973 y Shades of Two Worlds de 1993). Allman chico grabó también varios álbumes como solista, entre los que destacan Laid Back de 1973 y Low Country Blues de 2011.
  Largos años de lucha contra la adicción al alcohol, la heroína y otras drogas minaron su salud que se vio complicada con una hepatitis C y un transplante de hígado. Aun así, sería un cáncer de hígado lo que lo llevaría a fallecer el pasado 27 de mayo, en un hospital de Richmond Hill, en Georgia.
  Se fue Gregg Allman. Recordémoslo escuchando “Dreams” o su inmortal “Whipping Post”.

(Publicado hoy en "El ángel exterminador" de Milenio Diario)

martes, 30 de mayo de 2017

Manchester, England

“Manchester, England, England / across the Atlantic Sea”, dice una de las canciones incluidas en la vieja ópera rock Hair (1967) de James Rado, Gerome Ragni y Galt MacDermot.
  Manchester, ciudad mártir debido al reciente atentado terrorista (al término de un concierto de la cantante de pop juvenil Ariana Grande) reivindicado por el Estado islámico y que causó la muerte de una veintena de personas, en su mayor parte niños y adolescentes, y más de cien heridos.
  Manchester, ciudad futbolera y musical por antonomasia, en donde el Manchester City y el Manchester United son tan importantes como la enorme cantidad de estupendas agrupaciones de rock que han surgido de sus entrañas.
  Manchester, la urbe en donde a mediados de los años sesenta de la centuria pasada aparecieron grupos como los Hollies, los Herman’s Hermits, Van der Graaf Generator, los Mindbenders y los Bee Gees. En los setenta se formaron Joy Division, 10cc y los menos conocidos Sad Café, The Smirks, Magazine, Ludus y Sweet Sensation.
  Los ochenta fueron bastante más generosos, al crearse Simple Red, los Smiths, los Stone Roses, New Order, James, Electronic, Swing Out Sister, The Waltons, Big Flame, The Colourfield, 808 State, Northside, The Mock Turtles, Happy Mondays, Inspiral Carpets, The Charlatans, The Future Sound of London (que no, no eran londinenses) y los Chemical Brothers, mientras que de los noventa fueron Take That, Goldblade, Oceansize, Audioweb y por supuesto Oasis.
  Ya en el presente siglo la ciudad no ha sido tan importante en ese sentido y entre los proyectos musicales que podemos contar a partir del año 2001 están LZ7, Hurts, Nine Black Alps, The 1975, The Longcut, The Answering Machine, Everything Everything, Kid British, The Cape Race, Factory Star, Money y los High Flying Birds de Noel Gallagher.
  Música y futbol en la que muchos consideran también la ciudad cuna del marxismo (Marx y Engels estuvieron ahí a mediados del siglo XIX). Música y futbol, sí, pero no terrorismo.

(Publicado el día de hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 29 de mayo de 2017

El primer disco de Santana

El disco que marcó el nacimiento del mal llamado rock latino, es decir, la fusión entre el rock, el blues y la música de raíces caribeñas y africanas.
  Santana es un álbum crudo, áspero, tribal, pero al mismo tiempo provocativo, propositivo y sensual. Se trata de una obra que originó un nuevo sonido. Hasta ese momento y a pesar de algunos intentos por mezclar al rock con los ritmos afrocubanos (ya existía el grupo Malo, por ejemplo), nadie había logrado algo como lo que consiguió Carlos Santana, gracias a su guitarra de estilo absolutamente singular, con raíces musicales que mucho le debían al blues y a la forma de tocar las notas sostenidas, como los viejos blueseros del Mississippi. Temas como “Jingo” o “Soul Sacrifice” dejaban escuchar pasajes guitarrísticos hasta ese entonces inéditos.
  Santana es de algún modo como la continuación en disco de lo que la agrupación logró durante su memorable actuación en Woodstock. Ahí está, en el estudio, todo ese salvajismo cuasi selvático que enloqueció a cientos de miles de asistentes al legendario festival. Habría que recordar a la alineación original de la banda que acompañaba a Carlos Santana (misma que repetiría en los dos álbumes posteriores), con el estupendo Gregg Rolie en el órgano Hammond y la voz, Dave Brown en el bajo, el demencial Mike Shrieve en la batería y dos percusionistas de excepción: Jose “Chepito” Áreas y Mike Carabello.
  Otros temas destacados del plato son “Waiting”, la cachondísima versión a “Evil Ways” y la protobluesera “You Just Don’t Care”. Un gran disco debut.

(Reseña que escribí originalmente para el Especial de La Mosca en la Pared No. 42, dedicado a Carlos Santana y publicado en septiembre de 2007).

domingo, 28 de mayo de 2017

Con los alumnos de Arturo otra vez

Segunda sesión con los alumnos del diplomado de periodismo musical que da Arturo J. Flores y que resultó tan divertida y más fructífera aún que el del domingo pasado. Esta vez hablamos de la historia del rock en México y por qué se convirtió en rockcito. Surgieron varias ideas y quizá trabaje con ellos en un proyecto que por ahora prefiero no mencionar para no quemarlo. Todo muy bien.

sábado, 27 de mayo de 2017

Edomex: ¿votar por el menos corrupto?

A una semana y un día escasos de que se lleven a cabo las elecciones en el Estado de México (y en otras entidades de la república), al parecer el ganador o ganadora no lo será por sus méritos ciudadanos y/o políticos, tampoco por su capacidad de liderazgo o sus propuestas en favor de los mexiquenses; lo será quien en la mente de los votantes sea el candidato o candidata con menor tendencia a la corrupción.
  Porque eso es lo que nos ha dejado la campaña en ese políticamente tenebroso estado: una guerra sucia entre los candidatos en la que todos se tiraron lodo y ninguno salió limpio, en especial los tres con mayores posibilidades de vencer en la contienda.
  A pesar de la buena pelea que dio el representante del PRD, Juan Zepeda, si somos realistas y le damos algún crédito a las encuestas (algo muy poco recomendable, por cierto), quienes se enfilan a llevarse la mayoría de los votos el domingo 4 de junio son el priista Alfredo del Mazo, la panista Josefina Vázquez Mota y la morenista Delfina Gómez, no necesariamente en ese orden.
  Los tres recibieron multitud de acusaciones por parte de sus contrincantes. Los tres quedaron manchados hasta el tuétano. ¿Cuál saldrá mejor librado? Muy pronto lo sabremos.
  Aventurar un pronóstico, en las actuales circunstancias, resulta demasiado incierto y arriesgado. Lo que sí podemos pronosticar es que la guerrita cochambrosa en el Edomex será nada comparada con lo que nos espera dentro de un año escaso, cuando se libre la madre de todas las batallas, la que tendrá en la mira la presidencia de la república.
  Lo del Estado de México ha sido una especie de ensayo. Lo fuerte, lo denso, lo pesado, lo inimaginable se dará en el 2018. Será el rechinar de dientes, habrá más que huevazos y saldrán más chispas que en 2006 y 2012.
  ¿Votaremos el año que viene también por el menos corrupto de los candidatos presidenciales? ¿Por el menos delirante? Esperemos que no sea el caso.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 26 de mayo de 2017

Para dártelas de entendido en rock (13)

Steve Vai tomo una guitarra en sus manos por primera vez después de escuchar "Heartbreaker" de Led Zeppelin. Su hermana compró el Led Zepp II y con eso fue suficiente. "Cuando escuché 'Heartbreaker' y ese solo, supe que quería tocar la guitarra", ha dicho Vai.

jueves, 25 de mayo de 2017

Sons of Anarchy

Terminé de ver la séptima y última temporada de la serie Sons of Anarchy y tengo sentimiento encontrados. Vi las siete temporadas completas y debo admitir que a pesar de la más que explícita violencia y de toda la podredumbre que presenta tanto del lado de los "representantes de la ley" como de los delincuentes (en este caso, grupos de motociclistas que trafican con armas y drogas, asesinan y ejecutan a mansalva, regentean prostíbulos, corrompen autoridades y lavan dinero con productoras de cine porno, a pesar de su ideología abiertamente fascistoide, la emisión divierte y se vuelve adictiva y uno termina por ver a sus siniestros personajes como tipos y tipas entrañables. Creada, producida y dirigida (incluso actuada en un personaje secundario) por Kurt Sutter, la trama tiene algo de hamletiana y shakespeareana.
  Sons of Anarchy mueve también a la reflexión sobre si estamos ante un retrato real de lo que sucede en los Estados Unidos con las bandas del crimen organizado y la cantidad de gente que muere por su causa, algo muy parecido a lo que pasa hoy día en nuestro país. Quizás allá no se le da tanta difusión como hacen los medios de este lado de la frontera, aunque estos Hijos de la Anarquía sí que lo difunden.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Tlalpan en miércoles (foto)

Visita a mi mamá en Tlalpan (tomé una foto muy bonita de la calle Once Mártires, ver). Todo tranquilo con mi madre, Ivette y Carlos. Myrna no pudo ir. Al final, mi hermana menor me llevó a conocer el nuevo lugar donde está haciendo los pasteles. Está muy bien, pero concentra demasiado calor. Ojalá logre ventilarlo mejor.

martes, 23 de mayo de 2017

Taxonomía del rockcito (y III)

Para terminar con nuestra sesuda investigación taxonómica sobre el rockcito, iniciada hace dos martes y continuada hace uno, he aquí otras derivaciones de este interesante y simpático género que tan fructíferamente se ha dado en México.

El rockcito revival. Dícese del rockcito que practican los grupos y solistas que alguna vez tuvieron épocas de gloria (es un decir) y que hoy viven de las mismas, mamando de las ubres de su pasado, incapaces de escribir nuevas canciones con una calidad (es otro decir) similar o al menos aproximada a las de sus tiempos iniciales. ¿Necesito poner ejemplos?

El rockcito mexican curious. Es el que mete como calzador elementos musicales provenientes del más pintoresco y chafa folclor mexicanista, desde las chirimías y los teponaxtles nahuatlacas, hasta las trompetas disonantes y discordantes del mariachi en su versión más garibaldesca. Algunos incluso se atavían con elementos que suponen sacados de los trajes regionales. Pero dicen que es rock.

El rockcito emo-chogueis. Muchos grupos urbanos de clase media con aspiraciones primermundistas se enfrascan en este ruidoso concepto que cubre con “paredes de sonido” (así le llaman al ruido sin sentido) su incapacidad para componer buenas melodías y armonías. En sus presentaciones son hoscos y evitan cualquier comunicación con el público. Suelen mirarse entre ellos o clavar la vista en el piso. Sus vocalistas cantan con puras consonantes y no se les entiende ni pío. Normalmente tocan para una veintena de sus cuates.

El rockcito chairo. Es el más rentable de los infragéneros del rockcito: no importan las canciones sino los lemas y consignas que se gritan con fingida rabia y falsísima indignación. Oponerse al gobierno vende, ser panfletario arrasta multitudes de esas que gustan de acudir a las marchas por Reforma y apoyar las causas aprobadas por la clerecía morenaica y difundidas por medios como La Jornada, Aristegui Noticias, SinEmbargo y Proceso. ¡Ese rockcito sí se ve!

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 22 de mayo de 2017

Sobre mi mamá y su primo segundo, Ismael Rodríguez

Gracias a la investigación genealógica de mi primo Alfredo Peña Pérez II, confirmo lo que siempre nos contó mi mamá (Rebeca Michel Ruelas): que ella y el director de cine Ismael Rodríguez (Los tres García, Los tres huastecos, Nosotros los pobres, A toda máquina y un largo etcétera) eran primos segundos. Dice Alfredo: "Efectivamente son primos segundos. María Rebeca Michel, hija de María Ruelas Uribe. Nieta de Francisco Ruelas y Refugio Uribe. Francisco hijo de Bernardino Ruelas y Mariana Ibarra. Francisco y Mariana tuvieron otro hijo de nombre Bernardino Ruelas que se casó con Estéfana González. Bernardino y Estéfana tuvieron una hija de nombre Maclovia. Maclovia se casó con Ismael Rodríguez y ellos fueron los padres de los hermanos Rodríguez Ruelas". Orgullo familiar.

domingo, 21 de mayo de 2017

Grata sesión

Muy agradable sesión con los alumnos de mi cuate Arturo J. Flores en las oficinas de Fondeadora, en la calle de Havre. De hecho, valió la pena la desmañada (tuve que estar ahí a las once de la madrugada, je). Una decena de chavos y chavas muy atentos y participativos, además de agradables y amables. Bajo el tema "La importancia de la cultura musical en los periodistas de esta fuente" (bueno, algo así), hicimos una somera revisión de la historia del rock, auxiliados por una pantalla que me permitió ejemplificar lo que decía. Quedaron tan contentos que el próximo domingo voy a regresar para hacer una revisión parecida, pero con el rock nacional. Va a estar divertido.

sábado, 20 de mayo de 2017

Un Macron, muchos Macrones

Con la llegada de Emmanuel Macron al Palacio del Elíseo, como nuevo presidente de Francia, la teoría de que los populismos de izquierda y de derecha serían la nueva dominante en la política internacional ha quedado cuando menos puesta en duda. Al parecer, el mundo no está condenado a los Donald Trump, los brexistas británicos o los Nicolás Maduro y sus semejantes.
  En México, algunos aspirantes a la presidencia de la república han empezado a presentarse como los Macron que necesita el país, cuando están muy lejos de serlo e incluso de parecerlo. Sin embargo, cuánto bien le haría a nuestra lastimada república un presidente moderado, de centro, progresista, cultivado, liberal e incluyente. Un primer mandatario al que lo moviera el verdadero interés de la nación, sin demagogia, y que no se empeñara en ser presidente porque ese es su capricho personal. Un líder joven en sus ideas y quizá también en edad (Macron tiene apenas 39 años). Un hombre o una mujer equilibrado, pero lleno de frescura en sus ideas, pragmático pero humanista, interesado en mantener la macroeconomía estable, pero a la vez preocupado en serio por disminuir la pobreza, crear empleo, atraer inversiones, desarrollar la educación, combatir la inseguridad y la violencia, fortalecer los logros de la democracia y garantizar la libertad de expresión. Un presidente moderno que entienda la urgencia de insertar al país en el ritmo del siglo XXI y que no busqué el regreso al pasado, que comprenda la importancia de la globalización y la cooperación internacional y no traté de encerrarnos como si el resto del mundo no existiera.
  ¿Hay alguien así en este México atascado por una clase política inepta, inculta, egoísta y corrompida? Debe existir, aunque no se le vea aún en el horizonte o, si se le ve, no cuente todavía con el suficiente apoyo. La república requiere con urgencia de un Macron, de muchos Macrones, pero verdaderos y no oportunistas, mucho menos populistas. ¿Será que podrá surgir al menos uno en los próximos meses?

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 19 de mayo de 2017

Para dártelas de entendido en rock (12)

El nombre original de Pink Floyd, en 1964, era Sigma 6. El grupo incluía a Roger Waters en el bajo, Nick Mason en la batería, Richard Wright en los teclados, Bob Close en la primera guitarra y Syd Barret en la segunda guitarra. Luego se llamó The Meggadeaths, The Screaming Abdabs y The Abdabs, hasta que por insistencias de Barret, el nombre finalmente fue cambiado a The Pink Floyd Sound (en honor a los prácticamente desconocidos blueseros Pink Anderson y Floyd Council) y más tarde se simplificó a Pink Floyd.

jueves, 18 de mayo de 2017

Superunknown

 Para Chris Cornell, In Memoriam.

Como alguien dijo por ahí, el verano de 1994 no fue uno de los más cálidos para el rock. Por el contrario, la muerte del líder de Nirvana, Kurt Cobain, acaecida en la ciudad de Seattle en abril de ese mismo año, ensombreció el panorama de esta música, en especial de la corriente que conocemos como grunge, y vino a recordarnos que lo que se creía un movimiento lleno de fuerza y vitalidad también escondía en su seno la simiente del dolor y la tragedia. Fue en medio de ese contexto que uno de los grupos más representativos de la capital del noroccidental estado de Washington, el cuarteto Soundgarden, puso en circulación su cuarto trabajo discográfico, el fenomenal Superunknown.
  Superunknown es por mucho la obra más fina de este grupo, una mezcla sabia y emotivamente lograda que combina el rock duro característico de la banda, ese que puede escucharse a la perfección en sus tres álbumes anteriores -Ultramega OK (1988), Louder Than Love (1990) y el impresionante Badmotorfinger (1991)-, con elementos tomados del rock clásico y la psicodelia sesentera (el muy conocido tema “Black Hole Sun” es el ejemplo más palpable en este sentido). A lo largo de aproximadamente una hora y diez minutos, Soundgarden nos conduce por senderos y paisajes musicales impensados hasta poco antes en una agrupación que parecía más bien destinada a transitar del grunge al heavy metal.

Deja que me ahogue
Con la voz de Chris Cornell como eje de todas las canciones (en su mayoría espléndidas), Superunknown es un disco lleno de colores musicales y de variedad melódica, armónica y rítmica. La monotonía no existe en sus dieciséis cortes, a pesar de que tampoco pierde la esencia del clásico estilo de Soundgarden. Esto resulta evidente desde el track inicial, el poderoso “Let Me Drown” que arranca con la fuerza de un vendaval, gracias al filoso y provocativo riff de la guitarra de Kim Thayil y que no deja de recordar a Rage Against the Machine (¿premonición de lo que sería Audioslave cerca de una década después?). La batería de Matt Cameron es igualmente impresionante. En seguida, “My Wave” disminuye el vértigo mas no la intensidad. Con un beat acompasado de tres cuartos, el tema tiene una lejana, casi imperceptible, pero real influencia de los primeros Kinks y al final hay ciertos ecos vagos de The Who. “Fell On Black Days” es una composición bastante más tranquila y melodiosa y -ésta sí- totalmente premonitoria de Audioslave. Una pieza en verdad exquisita. En cuanto a la extraordinaria “Mailman”, con un riff inicial muy a la Black Sabbath (o a la Alice in Chains, si se quiere), se trata de un corte por demás oscuro y denso, con Thayil y Cornell a su máxima intensidad introspectiva. “Superunknown” en cambio, el tema que da título al disco, revienta de pesadez cuasi metalera (aunque la instrumentación también remite a algunas canciones posteriores de Pearl Jam, tal vez por la presencia de Cameron en los tambores y los platillos), con un solo de guitarra de franco furor. El mood cambia en forma dramática con “Head Down”, un corte un tanto ominoso en su lento caminar por el lodo de un arreglo inusual con reminiscencias guitarreras del Mississippi.

Bajo el sol del agujero negro
La primera mitad del álbum se cierra con los dos temas literalmente centrales del Superunknown. En primer lugar, ese clásico que es hoy día “Black Hole Sun” (¿quién no recuerda el alucinante video que transmitía MTV, cuando aún era una emisora con algunas intenciones roqueras y no la máquina de estupideces que es en la actualidad?). Este sol del hoyo negro es una composición completamente sicodélica que pudo ser tranquilamente grabada por Spirit en 1968, un corte tan maleable que existen algunos covers verdaderamente insólitos del mismo, sobre todo el de Steve Lawrence y Eydie Gorme (dueto mixto compañero de aventuras de Frank Sinatra en Las Vegas), contenido en el álbum Lounge-A-Palooza y el muy reciente (y muy similar al de Steve & Eydie) que viene en el flamante Rock Swings de nada menos que Paul Anka (sí, aún sigue con vida). Una letra hermética, interpretada por un irónico Chris Cornell, más una guitarra con efectos tan inquietantes como una pesadilla de Tim Burton musicalizada por Danny Elfman.
  Por su parte, “Spoonman” tiene todos los elementos para convertirse en un éxito sempiterno (no en vano fue el primer sencillo del disco). Con una letra referida a un personaje callejero de Seattle (Artis “The Spoonman”), quien producía complicados sonidos con diversas cucharas y a quien podemos escuchar a la mitad de la pieza, musicalmente se trata de un corte impecable, un rock duro de ritmo perfectamente contagioso. Otro clásico de Soundgarden (curiosamente, una versión acústica de “Spoonman”, cantada por el propio Chris Cornell, aparece en la cinta Singles de Cameron Crowe y de ahí fue rescatada por el grupo para revestirla de electricidad y convertirla en una canción memorable.

Mareado y confundido
Lo que podríamos llamar el lado B de Superunknown comienza con la densa, oscura y pesadísima “Limo Wreck” (¿cómo no pensar en “Dazed and Confused” de Led Zeppelin?) y prosigue con la hermosa y emotiva “The Day I Tried to Live” (una pequeña maravilla). “Kickstand” es otro tema que sin duda influyó al Pearl Jam posterior a Ten. He aquí un corte tan breve como contundente, un minuto y medio de descarado y jocoso sarcasmo heavymetalero. Por lo que toca a “Fresh Tendrils”, se trata posiblemente del track más discreto del plato, lo cual no significa, bajo circunstancia alguna, que sea un tema débil, como nada tiene de débil sino todo lo contrario el lento pero contundente “4th of July”. “Half” parecería ser un corte tan extravagante como fuera del contexto del disco, pero esta composición del bajista Ben Shepherd termina por asimilarse a la perfección y luego de algunas escuchas ya no resulta tan extraño.
  Superunknown culmina con otra gran canción, la inconmensurable “Like Suicide”, muy ad hoc con las circunstancias que rodeaban al rock en aquel momento, sobre todo luego de la muerte por presunto suicidio del ya mencionado Kurt Cobain. Una verdadera joya.

(Reseña que publiqué originalmente en la sección "La nueva música clásica" de la revista La Mosca en la Pared No. 99, publicada en 2005)

miércoles, 17 de mayo de 2017

Sesión con María Emilia

Excelente grabación ayer por la mañana, en el estudio de Iris y Jehová. La invitada fue la maravillosa María Emilia Martínez, quien con su flauta le dio un color precioso a "Amanecer" y "Oye oye". Fue una sesión divertida y con acompañamiento de café y pan dulce que compré en La Esperanza. Lindo día.

martes, 16 de mayo de 2017

Taxonomía del rockcito (II)

Como decíamos en nuestra columna del martes pasado, el rockcito no es un concepto cerrado o monolítico. Existen diversas variantes que si bien no lo enriquecen (más bien todo lo contrario), le otorgan cierta multiplicidad que lo convierte en algo cuando menos curioso. Veamos algunas más:

-El rockcito andino. Se trata de una tendencia más o menos reciente que surgió cuando algunos exponentes del rockcito descubrieron los videos de producción peruana de La Tigresa del Oriente y Wendy Sulca. Al creer, en su conmovedora ignorancia, que se trata del verdadero folclor de los Andes, les pareció “chida idea” adoptarlo, lo que dio como resultado algunas cancioncitas que no transmitiría ni Radio Educación. Ejemplos de este infragénero: algunos temas nuevos de Natalia Lafourcade y Café Tacuba.

-El rockcito de primer demo.
Es el que suelen hacer muchas “bandas” debutantes que componen (o descomponen) sus primeras piezas (a veces en español, a veces en inglés, a veces en no-se-entiende-lo-que-cantan) y logran grabarlas en un demo, mismo que hacen llegar a radiodifusoras o revistas especializadas (con la frase de cajón que reza: “lo que hacemos es completamente diferente y no se parece a nada que hayan escuchado antes”), en busca de una mención, una reseña o una entrevista. Curiosamente (y me consta porque he recibido muchos a lo largo de los años), los demitos siempre suenan iguales, como si se tratara del mismo grupo. Por lo general y en su inmensa mayoría, son propuestas que no pasan de ahí.

-El rockcito tributario. Es el que se ha especializado en realizar pésimas versiones “en homenaje” a sus ídolos musicales o con la franca intención de tocar canciones de músicos que cuentan con una amplia convocatoria. Por eso hay “grupos tributo” lo mismo de los Beatles y Pink Floyd que de Soda Stereo, Caifanes, Héroes del Silencio y un largo y lastimero etcétera. En general terminan tocando en bares y antros de mala muerte.

Y sí: continuará.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey" de Milenio Diario)

lunes, 15 de mayo de 2017

Electric Ladyland

Un disco tan extraordinario como irregular. Quizá debido a su ambiciosa extensión, este álbum doble de The Jimi Hendrix Experience –tercero y último trabajo oficial no sólo del trío sino del propio Hendrix– peca de cierta inconsistencia, aunque a final de cuentas el balance sea muy positivo.
  Se trata de la obra más experimental del músico, con un uso muy amplio y efectivo de las técnicas y efectos de estudio existentes en su tiempo. Sin embargo, lo más notable de Electric Ladyland (1968) es el genio imaginativo de Jimi Hendrix en su máxima expresión, con momentos asombrosos como guitarrista y composiciones de absoluto esplendor.
  Estamos ante un disco lleno de alma y raíz, pero también de visión vanguardista e ideas innovadoras que apostaban hacia un futuro que lucía en extremo prometedor. De nueva cuenta hay blues y soul, de nuevo se encuentra presente la psicodelia, pero también largos y vigorosos jams, alucinantes paisajes sonoros, una mayor incursión en el acid rock y notables covers. La participación de músicos invitados en algunas de las piezas, entre ellos Steve Windwood en los teclados –con su inigualable manera de tocar el órgano Hammond–, Al Kooper en el piano, Jack Cassidy (Jefferson Airplane) en el bajo, Chris Wood (Traffic) en la flauta, Buddy Miles en la batería y Fredy Smith en el sax, representa un plus en el doble plato.  
  Electric Ladyland (cuya portada original causara tanta polémica) inicia con una breve introducción llena de efectos (“… And the Gods Made Love”) que bien podemos pasar por alto y realmente da comienzo con lo que ya era un género hendrixiano, el soul psicodélico. “Have You Ever Been (to Electric Ladyland)” es una pieza lenta y ensoñadora, con un claro mood etéreo marcado por el juego de guitarras sobrepuestas y la voz en falsetto de Hendrix (parece un antecedente de la música de Prince), tema dedicado a las mujeres que rodeaban a Jimi y que le otorgaban todo el vigor sexual que necesitaba; una bella y sentida oda a sus groupies, pues. La calma se rompe en seguida con la rotunda “Crosstown Traffic” y su sensacional riff. La batería de Mitch Mitchell desempeña un papel clave, apoyada por los bajeos de Noel Redding. Un gran tema que antecede a esa larga y libérrima jam session de quince minutos que es “Voodoo Chile”, una improvisación en blues a la Muddy Waters (pero en ácido) en la cual la guitarra de Hendrix y el Hammond de Windwood establecen un diálogo celestial e infernalmente  virtuoso. Una absoluta maravilla con la cual concluye el lado A del disco uno. En cambio, “Little Miss Strange” representa tal vez el punto más flojo del álbum. Se trata de un popcito sesentero debido a Noel Redding, quien lo canta con mucho entusiasmo…, pero nada más. “Long Hot Summer Night”, con Al Kooper al piano, es otra de esas canciones tranquilas y sugerentes en las cuales Jimi evidentemente se divertía. Nada del otro mundo, sin embargo. En cambio, su cover de “Come On” de Earl King posee toda la fuerza de una interpretación en vivo, mientras que “Gypsy Eyes” es una verdadera joya en la cual voz y guitarra suenan al unísono, arropadas por un compás irresistible y una ambientación instrumental extrañamente fascinante. Suena como un viejo blues con un arreglo futurista, lo cual contrasta con los teclados a manera de clavicordio con los que inicia la peculiar “The Burning of the Midnight Lamp”, una gran composición (“balada experimental” la han llamado) enriquecida por discretos coros femeninos y una espectacular pared de sonido.

La portada alterna "decente".
  El lado A del segundo disco abre con la fabulosa “Rainy Day, Dream Away”, precedida por un estupendo jam. El tema se desliza de pronto por un feedback que lo hace desaparecer para dar lugar a “1983… (A Merman I Should Turn to Be)”, larga suite que inicia con un tema calmo que de pronto deriva en una serie de instrumentaciones barrocas, cambios drásticos de ritmo, largos y complejos solos de guitarra y batería, pasajes que prefiguran la música ambient, ruidos incidentales, efectos sonoros, todo un viaje que incluye el pre-pinkfloydiano puente “Moon Turn The Tides… Gently Gently Away”, para retornar de súbito a “Rainy Day, Dream Away”, aunque ahora con el título “Still Raining, Still Dreaming”, con el órgano de Mike Finnigan como un muro de contención en el cual el wah wah de la increíble guitarra rebota una y mil veces. Otro de los puntos altos (altísimos) de Electric Ladyland. Por su lado, “House Burning Down” es una de esas composiciones oscuras de las que muy pocos suelen acordarse… y tal vez se lo merezca.
  El álbum concluye de la mejor manera, en su lado cuatro, con dos cortes fundamentales en la trayectoria de Jimi Hendrix. Primeramente, ese cover fuera de serie a una canción de Bob Dylan que es “All Along the Watchtower”. Si el tema original es muy bueno, el arreglo de Hendrix lo inmortalizó al volverlo épico y convertirlo en un clásico de la historia del rock (el solo de guitarra sigue dejando atónito a cualquiera), tan clásico como “Voodoo Child (Slight Return)”, ese monumental blues a la Hendrix de impactante construcción guitarrística, una de las mejores obras del músico, la cual, en sus escasos cinco minutos de duración, parece resumir toda la fuerza, el talento y la sensibilidad que lo imbuía (la letra contiene una frase que parecería premonitoria, si tomamos en cuenta que es el último corte del último disco en estudio del de Seattle que apareció cuando él aún vivía: “If I don’t meet you no more in this world/  I’ll meet you in the next one and don’t be too late”). “Voodoo Child” es una conclusión perfecta para un álbum imperfecto… pero grandioso.

(Reseña que escribí originalmente para el Especial de La Mosca en la Pared No, 19, dedicado a Jimi Hendrix, publicado en abril de 2005).

domingo, 14 de mayo de 2017

Big Little Lies

Mi reseña videográfica sobre la gran serie Big Little Lies que se puede ver por HBO Go. El video pertenece a mi canal de YouTube Videos moscosos. Espero que les guste. Gracias por verlo.


sábado, 13 de mayo de 2017

¿Decir no a todo?

Cuando recién me afilié al Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT), en 1976, en una de las primeras asambleas ordinarias del Comité Nacional (que presidían el ingeniero Heberto Castillo y el líder ferrocarrilero DemetrioVallejo) a las que asistí, Eduardo Valle, ex líder estudiantil del 68 bien conocido como el Búho y quien fungía como presidente del Comité del Distrito Federal, tomó la palabra y dijo que si éramos un partido de oposición, teníamos que oponernos y decir que no a todo lo que hiciera o propusiera el gobierno. Yo sólo escuché y me quedé callado, pero me incomodó la idea de que debíamos ser tan inflexibles. ¿Si el gobierno proponía alguna medida buena, era menester oponernos a ella? Según la lógica del estimado y extrañado Búho, sí.
  Esto sucedió hace 41 años, en las instalaciones del PMT de la calle Bucareli que se caerían en el terremoto de 1985. ¿Qué tanto ha cambiado en ese sentido la oposición de izquierda? ¿Se sigue oponiendo hoy por consigna a todo lo que venga del gobierno?
  Entrevistado en Imagen por Ciro Gómez Leyva, Andrés Manuel López Obrador dijo lo mismo a pregunta expresa del periodista y se negó a reconocer mérito alguno a la actual administración. Todo es negro para el iluminado Mesías más allá de su entorno. No hay matices. El maniqueísmo como vocación delirante.
  Ya lo dijo hace ocho días en estas mismas páginas Liebano Sáenz: “Más allá de las diferencias y de los intereses políticos o de cualquier índole, hay asuntos de interés común en los que el consenso y el acuerdo son indispensables”. Y sí: se trata de sumar y buscar entre la mayoría que este país resuelva sus muchos problemas (pobreza, inseguridad, violencia, educación, corrupción), a pesar de las rémoras de todo tipo que tratan de atascarlo y detenerlo.
  El proceso hacia el 2018 será importantísimo en ese sentido y necesitamos escoger la mejor opción de gobierno. Ya se perfilan algunas. La cuestión es saber elegir la adecuada.


(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 12 de mayo de 2017

Para dártelas de entendido en rock (11)

Tony Iommi, de Black Sabbath, perdió parte de dos de los dedos de su mano izquierda en un accidente de trabajo y pareció el final de su carrera como guitarrista. Sin embargo, se las arregló para seguir tocando mediante unas prótesis de plático que alargaron esos dos dedos, a la vez que afinó su guitarra tres semitonos más abajo, a fin de aflojar las cuerdas y poder tocarlas con más facilidad. La primera canción que compuso para su nuevo "estilo" de tocar fue la fantástica "Iron Man".   

jueves, 11 de mayo de 2017

Isabella Corona, actriz

Por Elena Garro*

Una de las cosas que México necesita asimilar y reinventar es el teatro. ¿Por qué no hay teatro mexicano? O, siquiera, ¿por qué no hay teatro, buen teatro, en México? Es un misterio; nadie lo sabe. Ha habido muchos intentos, muchos esfuerzos, pero ninguno de ellos ha culminado en la formación de un teatro de México. Algunos fatalistas dicen que el teatro es algo que está en contra del espíritu mexicano, ese ser extraño, aislado, tímido, burlón, “para adentro”, constante enigma para los Lawrence, Frank, etcétera, que nos visitan. Pero no es así. Y para demostrarnos que, por el contrario, en México puede existir el teatro, viven unas cuantas personas: Rodolfo Usigli, Julio Bracho, María Teresa Montoya, Xavier Villaurrutia, Isabella Corona, Alfredo Gómez de la Vega... Después de la gran purga revolucionaria era difícil que naciera el teatro sin la ayuda del Estado. Pero el teatro existe, late, quiere nacer. Solo falta una ayuda adecuada, un esfuerzo constante, generoso. El público responderá; lo hemos visto acudir a la sinfónica, al ballet, a los conciertos. Dentro de poco lo veremos en la temporada de teatro que dirigirá Julio Bracho. Y, sobre todo, escuchando la voz cálida, profunda, de Isabella Corona, sin disputa la actriz joven de más talento, capacidad y vocación con que contamos.
  Isabella Corona fue, durante mucho tiempo, la única verdadera esperanza del teatro mexicano. La otra, muy respetable y señora mía, no era esperanza, sino pasado. Y, ahora, veremos cómo cumple, cómo nos cumple Isabella esta esperanza que los amigos del teatro tenemos en ella. Isabella es una de las pocas actrices mexicanas formadas en eso que se llama Teatro Experimental. Durante muchos años ha trabajado en salones reducidos, para un público pequeño y exigente, de escritores, pintores, músicos. Su primer gran papel lo representó en el pequeño Teatro de Orientación que dirigía Celestino Gorostiza: se trataba de la Antígona, de Sófocles. Después vimos una de sus mejores interpretaciones: la Miriam, de Lázaro rio, la estupenda obra de O’Neill, en la inolvidable versión escénica de Julio Bracho.
  Casada durante algunos años con Julio Bracho, a éste le debe, según confesión de ella misma, su actual calidad de actriz. Naturalmente que no ha sido sólo la dirección de Bracho, sino también algo que Isabella no ha adquirido: temperamento, voz, vocación, talento natural de actriz. En 1936, la Universidad Nacional encargó a Julio Bracho una breve temporada. Y entonces pudimos contemplar —y escuchar— una excelente versión de Las troyanas. En esta obra, Isabella Corona, ya en trance de madurez, exhibió las más puras de sus capacidades, representando el papel de Casandra: inspiración, sobriedad y una voz que la emoción templaba y hacía grave, profunda. Hasta aquí Isabella Corona había sido una actriz trágica. Algunos encontraban en esto un mérito; otros, una limitación. Pero el año de 1938, la Secretaría de Educación Pública, en un intento esporádico, organizó una nueva temporada teatral. Se pusieron en escena dos obras solamente: la boba comedia de Bontempelli, Minnie la cándida y Anfitrión 38, de Jean Giraudoux. Esta última fue dirigida por Julio Bracho y el principal papel femenino, Alcmena, lo desempeñó Isabella Corona. Nunca la habíamos visto en un papel así, lleno de gracia leve, de ironía y buen sentido. Y de nuevo triunfó. Una vez más la frase de Diderot acerca del carácter de los comediantes fue comprobada por la realidad: “El carácter de los comediantes consiste en no tener ninguno”. O, mejor dicho, en tenerlos todos. Isabella Corona no sólo era capaz de conmovernos y conmoverse con Antígona o Casandra, sino que también podía representar pasiones más equilibradas y temperamentos más serenos y graciosos.
  Poco después, Isabella, ante la crisis del teatro, llega al gran público por la vía o camino real del cine. Y gana, por su interpretación del papel de hechicera en La noche de los mayas, el primer premio cinematográfico. Estella Inda, que era la primera actriz de la película, fue desplazada por el talento de Isabella. Y el cine mexicano tuvo, por primera vez, una auténtica actriz entre sus filas. Ha hecho otras películas, aunque el cine no es para ella lo mejor de su vida. Lo mejor de su vida y de su talento están consagrados al teatro. Y al teatro volvió con Fernando Soler, en la temporada de Bellas Artes.
  Y ahora, Isabella Corona se prepara para, sin duda, la temporada más importante y decisiva en su carrera. Y no sólo para su carrera, sino para los destinos del teatro mexicano. Julio Bracho, el único director mexicano con sentido del teatro y del público, intenta ahora un esfuerzo de grandes proporciones, bajo el patrocinio del Departamento de Bellas Artes que dirige Mauricio Magdaleno, el joven escritor mexicano. Se trata de un repertorio selecto: dos obras clásicas (¿Volpone entre ellas?); dos obras mexicanas y una moderna. Y en la escena los mejores actores; para los decorados, los mejores pintores. Ojalá que la envidia, la vanidad, los celos ridículos, característicos de la muy respetable casta de los comediantes, no frustren esta temporada con exigencias o rencillas pequeñas. Y ojalá también que la política, sobre todo la política burocrática, no paralice este intento que ahora emprenden Magdaleno, Bracho, Margarita Urueta de Villaseñor y otras personas.

*Texto escrito a principios de los años 40 del siglo pasado. Aunque no la conocí en persona, Isabella Corona fue mi tía segunda, prima de mi madre.