lunes, 3 de septiembre de 2012

The Velvet Underground


Pocas agrupaciones tan oscuramente influyentes como The Velvet Underground. Mientras los Beatles, los Rolling Stones, Led Zeppelin, Pink Floyd y hasta Nirvana fueron fenómenos masivos que lograron una abierta penetración entre las masas de escuchas, el cuarteto conformado por Lou Reed, John Cale, Sterling Morrison y Maureen Tucker siempre mantuvo una especie de bajo perfil, de discreto comportamiento. Grupo de culto si los hay, el Velvet surgió como una banda de élite, para francas minorías. Su música no fue fácilmente comprendida en un principio y de hecho su relativa popularidad comenzó cuando el proyecto ya no existía. De ahí en adelante, fue creciendo poco a poco, como una peculiar bola de nieve, aunque en este caso la nieve tenga otra connotación muy ajena a la inocencia. Drogas, sadomasoquismo, sexo, homosexualidad, crímenes, sordidez: he ahí algunos de los temas que tocaba el grupo en sus letras, siempre acompañadas por una música que coqueteaba con el minimalismo. La historia del Velvet Underground resulta fascinante y en ella se entrecruzan personajes y circunstancias que le dan un cariz de novela negra. Ahí están Andy Warhol y The Factory, la enigmática Nico, el Nueva York de mediados de los sesenta, el arte pop, el cine experimental, las drogas -siempre las drogas- y el sexo –siempre el sexo. Hoy día, géneros como el punk, la new wave, el goth, el noise y otros serían inimaginables sin la existencia del Terciopelo Subterráneo. De ahí la importancia de retomar su legado, de volver a escuchar su música, de dejarse envolver por la negra magia de “Venus in Furs”, “I’m Waiting for the Man”, “Sweet Jane”, “Heroin”… Pocas agrupaciones tan oscuramente influyentes como The Velvet Underground. Bendito sea su maldito influjo.

Prólogo que escribí para el Especial de La Mosca No. 29, publicado en abril de 2006

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