sábado, 7 de agosto de 2010

Las Chivas y el megafiestón del Bicentenario*


Todos somos Chivas y todos somos bicentenaristas. Hoy el ánimo en México es de celebración y guateque. No es para menos: los rojiblancos del Guadalajara hicieron la hombrada de derrotar a la Universidad de Chile en el mismísimo Estadio Nacional de Santiago (ese mismo que en 1973 sirvió como campo de concentración y ejecución de tantos chilenos simpatizantes de Salvador Allende, hecho del que nadie pareció acordarse en medio de la euforia pambolera) y el secretario de Educación, Alonso Lujambio, anunció con entusiasmo patriótico de qué tamaño va a ser el súper reven del 15 de septiembre próximo, fiestononón que incluirá conciertos, coreografías aéreas, carros alegóricos, juegos pirotécnicos y una ceremonia del Grito “como jamás se ha visto”. Órale pues.
Jorge Ibargüengoitia decía que los mexicanos solemos confundir a lo grandioso con lo grandote y me temo que por ahí vaya la cosa en estas megacelebraciones. Al menos esa impresión me dio al ver las imágenes que se presentaron en la tele de lo que será el magno desfile por Paseo de la Reforma, Avenida Juárez, Madero y el Zócalo. De lo que va a costar la pachanga para los héroes que nos dieron Patria mejor no hablo; digo, para no parecer amarguetas y aguafiestas.
Pero el ánimo fiestero no termina ahí. Hay que celebrar también, por ejemplo, que la Suprema Corte de Justicia haya calificado como constitucionales a los matrimonios gay y, por supuesto, tenemos que estar felices luego de la liberación, sanos y salvos, de los reporteros secuestrados en Gómez Palacio, Durango. Ojalá pudiéramos festejar muy pronto, de la mejor manera, el fin de la guerra contra el narco. Pero eso parece que aún está muy lejos.
Para terminar y ya que en estos días se está alentando el debate sobre la despenalización de las drogas, creo que de nada serviría legalizar sólo a la marihuana. Tendría que incluirse a todas las sustancias hoy prohibidas. Si no, sería como cerrar una parte del negocio y dejar abiertas todas las demás. No sé por qué de pronto me acordé del tío Lolo.

*Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario.