lunes, 22 de mayo de 2017

Sobre mi mamá y su primo segundo, Ismael Rodríguez

Gracias a la investigación genealógica de mi primo Alfredo Peña Pérez II, confirmo lo que siempre nos contó mi mamá (Rebeca Michel Ruelas): que ella y el director de cine Ismael Rodríguez (Los tres García, Los tres huastecos, Nosotros los pobres, A toda máquina y un largo etcétera) eran primos segundos. Dice Alfredo: "Efectivamente son primos segundos. María Rebeca Michel, hija de María Ruelas Uribe. Nieta de Francisco Ruelas y Refugio Uribe. Francisco hijo de Bernardino Ruelas y Mariana Ibarra. Francisco y Mariana tuvieron otro hijo de nombre Bernardino Ruelas que se casó con Estéfana González. Bernardino y Estéfana tuvieron una hija de nombre Maclovia. Maclovia se casó con Ismael Rodríguez y ellos fueron los padres de los hermanos Rodríguez Ruelas". Orgullo familiar.

jueves, 18 de mayo de 2017

Superunknown

 Para Chris Cornell, In Memoriam.

Como alguien dijo por ahí, el verano de 1994 no fue uno de los más cálidos para el rock. Por el contrario, la muerte del líder de Nirvana, Kurt Cobain, acaecida en la ciudad de Seattle en abril de ese mismo año, ensombreció el panorama de esta música, en especial de la corriente que conocemos como grunge, y vino a recordarnos que lo que se creía un movimiento lleno de fuerza y vitalidad también escondía en su seno la simiente del dolor y la tragedia. Fue en medio de ese contexto que uno de los grupos más representativos de la capital del noroccidental estado de Washington, el cuarteto Soundgarden, puso en circulación su cuarto trabajo discográfico, el fenomenal Superunknown.
  Superunknown es por mucho la obra más fina de este grupo, una mezcla sabia y emotivamente lograda que combina el rock duro característico de la banda, ese que puede escucharse a la perfección en sus tres álbumes anteriores -Ultramega OK (1988), Louder Than Love (1990) y el impresionante Badmotorfinger (1991)-, con elementos tomados del rock clásico y la psicodelia sesentera (el muy conocido tema “Black Hole Sun” es el ejemplo más palpable en este sentido). A lo largo de aproximadamente una hora y diez minutos, Soundgarden nos conduce por senderos y paisajes musicales impensados hasta poco antes en una agrupación que parecía más bien destinada a transitar del grunge al heavy metal.

Deja que me ahogue
Con la voz de Chris Cornell como eje de todas las canciones (en su mayoría espléndidas), Superunknown es un disco lleno de colores musicales y de variedad melódica, armónica y rítmica. La monotonía no existe en sus dieciséis cortes, a pesar de que tampoco pierde la esencia del clásico estilo de Soundgarden. Esto resulta evidente desde el track inicial, el poderoso “Let Me Drown” que arranca con la fuerza de un vendaval, gracias al filoso y provocativo riff de la guitarra de Kim Thayil y que no deja de recordar a Rage Against the Machine (¿premonición de lo que sería Audioslave cerca de una década después?). La batería de Matt Cameron es igualmente impresionante. En seguida, “My Wave” disminuye el vértigo mas no la intensidad. Con un beat acompasado de tres cuartos, el tema tiene una lejana, casi imperceptible, pero real influencia de los primeros Kinks y al final hay ciertos ecos vagos de The Who. “Fell On Black Days” es una composición bastante más tranquila y melodiosa y -ésta sí- totalmente premonitoria de Audioslave. Una pieza en verdad exquisita. En cuanto a la extraordinaria “Mailman”, con un riff inicial muy a la Black Sabbath (o a la Alice in Chains, si se quiere), se trata de un corte por demás oscuro y denso, con Thayil y Cornell a su máxima intensidad introspectiva. “Superunknown” en cambio, el tema que da título al disco, revienta de pesadez cuasi metalera (aunque la instrumentación también remite a algunas canciones posteriores de Pearl Jam, tal vez por la presencia de Cameron en los tambores y los platillos), con un solo de guitarra de franco furor. El mood cambia en forma dramática con “Head Down”, un corte un tanto ominoso en su lento caminar por el lodo de un arreglo inusual con reminiscencias guitarreras del Mississippi.

Bajo el sol del agujero negro
La primera mitad del álbum se cierra con los dos temas literalmente centrales del Superunknown. En primer lugar, ese clásico que es hoy día “Black Hole Sun” (¿quién no recuerda el alucinante video que transmitía MTV, cuando aún era una emisora con algunas intenciones roqueras y no la máquina de estupideces que es en la actualidad?). Este sol del hoyo negro es una composición completamente sicodélica que pudo ser tranquilamente grabada por Spirit en 1968, un corte tan maleable que existen algunos covers verdaderamente insólitos del mismo, sobre todo el de Steve Lawrence y Eydie Gorme (dueto mixto compañero de aventuras de Frank Sinatra en Las Vegas), contenido en el álbum Lounge-A-Palooza y el muy reciente (y muy similar al de Steve & Eydie) que viene en el flamante Rock Swings de nada menos que Paul Anka (sí, aún sigue con vida). Una letra hermética, interpretada por un irónico Chris Cornell, más una guitarra con efectos tan inquietantes como una pesadilla de Tim Burton musicalizada por Danny Elfman.
  Por su parte, “Spoonman” tiene todos los elementos para convertirse en un éxito sempiterno (no en vano fue el primer sencillo del disco). Con una letra referida a un personaje callejero de Seattle (Artis “The Spoonman”), quien producía complicados sonidos con diversas cucharas y a quien podemos escuchar a la mitad de la pieza, musicalmente se trata de un corte impecable, un rock duro de ritmo perfectamente contagioso. Otro clásico de Soundgarden (curiosamente, una versión acústica de “Spoonman”, cantada por el propio Chris Cornell, aparece en la cinta Singles de Cameron Crowe y de ahí fue rescatada por el grupo para revestirla de electricidad y convertirla en una canción memorable.

Mareado y confundido
Lo que podríamos llamar el lado B de Superunknown comienza con la densa, oscura y pesadísima “Limo Wreck” (¿cómo no pensar en “Dazed and Confused” de Led Zeppelin?) y prosigue con la hermosa y emotiva “The Day I Tried to Live” (una pequeña maravilla). “Kickstand” es otro tema que sin duda influyó al Pearl Jam posterior a Ten. He aquí un corte tan breve como contundente, un minuto y medio de descarado y jocoso sarcasmo heavymetalero. Por lo que toca a “Fresh Tendrils”, se trata posiblemente del track más discreto del plato, lo cual no significa, bajo circunstancia alguna, que sea un tema débil, como nada tiene de débil sino todo lo contrario el lento pero contundente “4th of July”. “Half” parecería ser un corte tan extravagante como fuera del contexto del disco, pero esta composición del bajista Ben Shepherd termina por asimilarse a la perfección y luego de algunas escuchas ya no resulta tan extraño.
  Superunknown culmina con otra gran canción, la inconmensurable “Like Suicide”, muy ad hoc con las circunstancias que rodeaban al rock en aquel momento, sobre todo luego de la muerte por presunto suicidio del ya mencionado Kurt Cobain. Una verdadera joya.

(Reseña que publiqué originalmente en la sección "La nueva música clásica" de la revista La Mosca en la Pared No. 99, publicada en 2005)

martes, 16 de mayo de 2017

Taxonomía del rockcito (II)

Como decíamos en nuestra columna del martes pasado, el rockcito no es un concepto cerrado o monolítico. Existen diversas variantes que si bien no lo enriquecen (más bien todo lo contrario), le otorgan cierta multiplicidad que lo convierte en algo cuando menos curioso. Veamos algunas más:

-El rockcito andino. Se trata de una tendencia más o menos reciente que surgió cuando algunos exponentes del rockcito descubrieron los videos de producción peruana de La Tigresa del Oriente y Wendy Sulca. Al creer, en su conmovedora ignorancia, que se trata del verdadero folclor de los Andes, les pareció “chida idea” adoptarlo, lo que dio como resultado algunas cancioncitas que no transmitiría ni Radio Educación. Ejemplos de este infragénero: algunos temas nuevos de Natalia Lafourcade y Café Tacuba.

-El rockcito de primer demo.
Es el que suelen hacer muchas “bandas” debutantes que componen (o descomponen) sus primeras piezas (a veces en español, a veces en inglés, a veces en no-se-entiende-lo-que-cantan) y logran grabarlas en un demo, mismo que hacen llegar a radiodifusoras o revistas especializadas (con la frase de cajón que reza: “lo que hacemos es completamente diferente y no se parece a nada que hayan escuchado antes”), en busca de una mención, una reseña o una entrevista. Curiosamente (y me consta porque he recibido muchos a lo largo de los años), los demitos siempre suenan iguales, como si se tratara del mismo grupo. Por lo general y en su inmensa mayoría, son propuestas que no pasan de ahí.

-El rockcito tributario. Es el que se ha especializado en realizar pésimas versiones “en homenaje” a sus ídolos musicales o con la franca intención de tocar canciones de músicos que cuentan con una amplia convocatoria. Por eso hay “grupos tributo” lo mismo de los Beatles y Pink Floyd que de Soda Stereo, Caifanes, Héroes del Silencio y un largo y lastimero etcétera. En general terminan tocando en bares y antros de mala muerte.

Y sí: continuará.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey" de Milenio Diario)

domingo, 14 de mayo de 2017

Big Little Lies

Mi reseña videográfica sobre la gran serie Big Little Lies que se puede ver por HBO Go. El video pertenece a mi canal de YouTube Videos moscosos. Espero que les guste. Gracias por verlo.


sábado, 13 de mayo de 2017

¿Decir no a todo?

Cuando recién me afilié al Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT), en 1976, en una de las primeras asambleas ordinarias del Comité Nacional (que presidían el ingeniero Heberto Castillo y el líder ferrocarrilero DemetrioVallejo) a las que asistí, Eduardo Valle, ex líder estudiantil del 68 bien conocido como el Búho y quien fungía como presidente del Comité del Distrito Federal, tomó la palabra y dijo que si éramos un partido de oposición, teníamos que oponernos y decir que no a todo lo que hiciera o propusiera el gobierno. Yo sólo escuché y me quedé callado, pero me incomodó la idea de que debíamos ser tan inflexibles. ¿Si el gobierno proponía alguna medida buena, era menester oponernos a ella? Según la lógica del estimado y extrañado Búho, sí.
  Esto sucedió hace 41 años, en las instalaciones del PMT de la calle Bucareli que se caerían en el terremoto de 1985. ¿Qué tanto ha cambiado en ese sentido la oposición de izquierda? ¿Se sigue oponiendo hoy por consigna a todo lo que venga del gobierno?
  Entrevistado en Imagen por Ciro Gómez Leyva, Andrés Manuel López Obrador dijo lo mismo a pregunta expresa del periodista y se negó a reconocer mérito alguno a la actual administración. Todo es negro para el iluminado Mesías más allá de su entorno. No hay matices. El maniqueísmo como vocación delirante.
  Ya lo dijo hace ocho días en estas mismas páginas Liebano Sáenz: “Más allá de las diferencias y de los intereses políticos o de cualquier índole, hay asuntos de interés común en los que el consenso y el acuerdo son indispensables”. Y sí: se trata de sumar y buscar entre la mayoría que este país resuelva sus muchos problemas (pobreza, inseguridad, violencia, educación, corrupción), a pesar de las rémoras de todo tipo que tratan de atascarlo y detenerlo.
  El proceso hacia el 2018 será importantísimo en ese sentido y necesitamos escoger la mejor opción de gobierno. Ya se perfilan algunas. La cuestión es saber elegir la adecuada.


(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 12 de mayo de 2017

Para dártelas de entendido en rock (11)

Tony Iommi, de Black Sabbath, perdió parte de dos de los dedos de su mano izquierda en un accidente de trabajo y pareció el final de su carrera como guitarrista. Sin embargo, se las arregló para seguir tocando mediante unas prótesis de plático que alargaron esos dos dedos, a la vez que afinó su guitarra tres semitonos más abajo, a fin de aflojar las cuerdas y poder tocarlas con más facilidad. La primera canción que compuso para su nuevo "estilo" de tocar fue la fantástica "Iron Man".   

jueves, 11 de mayo de 2017

Isabella Corona, actriz

Por Elena Garro*

Una de las cosas que México necesita asimilar y reinventar es el teatro. ¿Por qué no hay teatro mexicano? O, siquiera, ¿por qué no hay teatro, buen teatro, en México? Es un misterio; nadie lo sabe. Ha habido muchos intentos, muchos esfuerzos, pero ninguno de ellos ha culminado en la formación de un teatro de México. Algunos fatalistas dicen que el teatro es algo que está en contra del espíritu mexicano, ese ser extraño, aislado, tímido, burlón, “para adentro”, constante enigma para los Lawrence, Frank, etcétera, que nos visitan. Pero no es así. Y para demostrarnos que, por el contrario, en México puede existir el teatro, viven unas cuantas personas: Rodolfo Usigli, Julio Bracho, María Teresa Montoya, Xavier Villaurrutia, Isabella Corona, Alfredo Gómez de la Vega... Después de la gran purga revolucionaria era difícil que naciera el teatro sin la ayuda del Estado. Pero el teatro existe, late, quiere nacer. Solo falta una ayuda adecuada, un esfuerzo constante, generoso. El público responderá; lo hemos visto acudir a la sinfónica, al ballet, a los conciertos. Dentro de poco lo veremos en la temporada de teatro que dirigirá Julio Bracho. Y, sobre todo, escuchando la voz cálida, profunda, de Isabella Corona, sin disputa la actriz joven de más talento, capacidad y vocación con que contamos.
  Isabella Corona fue, durante mucho tiempo, la única verdadera esperanza del teatro mexicano. La otra, muy respetable y señora mía, no era esperanza, sino pasado. Y, ahora, veremos cómo cumple, cómo nos cumple Isabella esta esperanza que los amigos del teatro tenemos en ella. Isabella es una de las pocas actrices mexicanas formadas en eso que se llama Teatro Experimental. Durante muchos años ha trabajado en salones reducidos, para un público pequeño y exigente, de escritores, pintores, músicos. Su primer gran papel lo representó en el pequeño Teatro de Orientación que dirigía Celestino Gorostiza: se trataba de la Antígona, de Sófocles. Después vimos una de sus mejores interpretaciones: la Miriam, de Lázaro rio, la estupenda obra de O’Neill, en la inolvidable versión escénica de Julio Bracho.
  Casada durante algunos años con Julio Bracho, a éste le debe, según confesión de ella misma, su actual calidad de actriz. Naturalmente que no ha sido sólo la dirección de Bracho, sino también algo que Isabella no ha adquirido: temperamento, voz, vocación, talento natural de actriz. En 1936, la Universidad Nacional encargó a Julio Bracho una breve temporada. Y entonces pudimos contemplar —y escuchar— una excelente versión de Las troyanas. En esta obra, Isabella Corona, ya en trance de madurez, exhibió las más puras de sus capacidades, representando el papel de Casandra: inspiración, sobriedad y una voz que la emoción templaba y hacía grave, profunda. Hasta aquí Isabella Corona había sido una actriz trágica. Algunos encontraban en esto un mérito; otros, una limitación. Pero el año de 1938, la Secretaría de Educación Pública, en un intento esporádico, organizó una nueva temporada teatral. Se pusieron en escena dos obras solamente: la boba comedia de Bontempelli, Minnie la cándida y Anfitrión 38, de Jean Giraudoux. Esta última fue dirigida por Julio Bracho y el principal papel femenino, Alcmena, lo desempeñó Isabella Corona. Nunca la habíamos visto en un papel así, lleno de gracia leve, de ironía y buen sentido. Y de nuevo triunfó. Una vez más la frase de Diderot acerca del carácter de los comediantes fue comprobada por la realidad: “El carácter de los comediantes consiste en no tener ninguno”. O, mejor dicho, en tenerlos todos. Isabella Corona no sólo era capaz de conmovernos y conmoverse con Antígona o Casandra, sino que también podía representar pasiones más equilibradas y temperamentos más serenos y graciosos.
  Poco después, Isabella, ante la crisis del teatro, llega al gran público por la vía o camino real del cine. Y gana, por su interpretación del papel de hechicera en La noche de los mayas, el primer premio cinematográfico. Estella Inda, que era la primera actriz de la película, fue desplazada por el talento de Isabella. Y el cine mexicano tuvo, por primera vez, una auténtica actriz entre sus filas. Ha hecho otras películas, aunque el cine no es para ella lo mejor de su vida. Lo mejor de su vida y de su talento están consagrados al teatro. Y al teatro volvió con Fernando Soler, en la temporada de Bellas Artes.
  Y ahora, Isabella Corona se prepara para, sin duda, la temporada más importante y decisiva en su carrera. Y no sólo para su carrera, sino para los destinos del teatro mexicano. Julio Bracho, el único director mexicano con sentido del teatro y del público, intenta ahora un esfuerzo de grandes proporciones, bajo el patrocinio del Departamento de Bellas Artes que dirige Mauricio Magdaleno, el joven escritor mexicano. Se trata de un repertorio selecto: dos obras clásicas (¿Volpone entre ellas?); dos obras mexicanas y una moderna. Y en la escena los mejores actores; para los decorados, los mejores pintores. Ojalá que la envidia, la vanidad, los celos ridículos, característicos de la muy respetable casta de los comediantes, no frustren esta temporada con exigencias o rencillas pequeñas. Y ojalá también que la política, sobre todo la política burocrática, no paralice este intento que ahora emprenden Magdaleno, Bracho, Margarita Urueta de Villaseñor y otras personas.

*Texto escrito a principios de los años 40 del siglo pasado. Aunque no la conocí en persona, Isabella Corona fue mi tía segunda, prima de mi madre.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Visita a mi mamá

Coincidió mi visita a Tlalpan, para  ver a mi mamá, con el día de la madre. La pasamos muy bien, con Ivette y Myrna, quien también fue. Ahí estaba Carlos, el hijo de la más chica de mis hermanas. Por cierto que Ivette se puso a arreglar la casa y quedó padrísima. Se deshizo de muchas cosas y hasta se ve más amplia. En fin, una tardenoche por demás agradable.

martes, 9 de mayo de 2017

Taxonomía del rockcito (I)

El del rockcito no es un concepto unívoco y cerrado. No todos los que se han esforzado por crearlo, desarrollarlo y llevarlo con esmero al punto ínfimo en que hoy se encuentra hacen el mismo tipo de música. Hay subdivisiones en el mismo, veamos algunas de ellas:

-El rockcitito. Luego del surgimiento del rockcito a fines de los años ochenta, con la aparición del sello Rock en tu idioma y de la invasión del rock pop español y argentino que padecimos en esos años, lo que saco a la luz a grupos como Caifanes, Fobia, La Maldita Vecindad, Café Tacuba et al, 10 o 15 años más tarde sufrimos el brote de “bandas” con un sonido muy similar que intentaba imitar a sus antecesores. De ahí vienen Zoé, La Gusana Ciega, Porter, Los Daniels y un largo etcétera (los que siguieron a estos conformarían el rockcititito).

-Rockcito cumbianchero. A raíz de que a alguien se le ocurrió que el rockcito y la cumbia eran géneros afines, surgió la idea no de fusionarlos sino de tocar cumbias ataviados como “rockeros” (Agrupación Cariño) y/o hacer duetos con agrupaciones como Los Ángeles Azules o La Sonora Santanera.

-Rockcito grupero. Es el que hacen combos que parecen de rock y suenan como integrantes de la llamada onda grupera. Enjambre es el mejor ejemplo de este infragénero.

-Rockcito en inglés. La vieja creencia de que hacer rock en inglés desde México los va a llevar a la internacionalización (algo que ya se pretendía en los años 60 del siglo pasado) ha llevado al summum de la ridiculez que incluye la mala pronunciación del inglich como cereza del pastel.

-Rockcito ñoño. Dominado por mujeres, no es sin embargo un género de género, sino un híbrido nacido a partir de que Julieta Venegas dejó de hacer rock para abrazar el pop y tuvo numerosas seguidoras que hacen hoy una musiquita cursi y plañidera. Carla Morrison, Natalia Lafourcade y Ximena Sariñana son las reinas del ñoñismo, aunque también hay varoncitos que lo practican, como Siddhartha, Caloncho, Juan Cirerol y el grupo Little Jesus.

  ¿Continuará?

(Publicado hoy en mi columna Gajes del orificio de la sección ¡hey! de Milenio Diario).

lunes, 8 de mayo de 2017

Electric Ladyland

Un disco tan extraordinario como irregular. Quizá debido a su ambiciosa extensión, este álbum doble de The Jimi Hendrix Experience –tercero y último trabajo oficial no sólo del trío sino del propio Hendrix– peca de cierta inconsistencia, aunque a final de cuentas el balance sea muy positivo.
  Se trata de la obra más experimental del músico, con un uso muy amplio y efectivo de las técnicas y efectos de estudio existentes en su tiempo. Sin embargo, lo más notable de Electric Ladyland (1968) es el genio imaginativo de Jimi Hendrix en su máxima expresión, con momentos asombrosos como guitarrista y composiciones de absoluto esplendor.
  Estamos ante un disco lleno de alma y raíz, pero también de visión vanguardista e ideas innovadoras que apostaban hacia un futuro que lucía en extremo prometedor. De nueva cuenta hay blues y soul, de nuevo se encuentra presente la psicodelia, pero también largos y vigorosos jams, alucinantes paisajes sonoros, una mayor incursión en el acid rock y notables covers. La participación de músicos invitados en algunas de las piezas, entre ellos Steve Windwood en los teclados –con su inigualable manera de tocar el órgano Hammond–, Al Kooper en el piano, Jack Cassidy (Jefferson Airplane) en el bajo, Chris Wood (Traffic) en la flauta, Buddy Miles en la batería y Fredy Smith en el sax, representa un plus en el doble plato.  
  Electric Ladyland (cuya portada original causara tanta polémica) inicia con una breve introducción llena de efectos (“… And the Gods Made Love”) que bien podemos pasar por alto y realmente da comienzo con lo que ya era un género hendrixiano, el soul psicodélico. “Have You Ever Been (to Electric Ladyland)” es una pieza lenta y ensoñadora, con un claro mood etéreo marcado por el juego de guitarras sobrepuestas y la voz en falsetto de Hendrix (parece un antecedente de la música de Prince), tema dedicado a las mujeres que rodeaban a Jimi y que le otorgaban todo el vigor sexual que necesitaba; una bella y sentida oda a sus groupies, pues. La calma se rompe en seguida con la rotunda “Crosstown Traffic” y su sensacional riff. La batería de Mitch Mitchell desempeña un papel clave, apoyada por los bajeos de Noel Redding. Un gran tema que antecede a esa larga y libérrima jam session de quince minutos que es “Voodoo Chile”, una improvisación en blues a la Muddy Waters (pero en ácido) en la cual la guitarra de Hendrix y el Hammond de Windwood establecen un diálogo celestial e infernalmente  virtuoso. Una absoluta maravilla con la cual concluye el lado A del disco uno. En cambio, “Little Miss Strange” representa tal vez el punto más flojo del álbum. Se trata de un popcito sesentero debido a Noel Redding, quien lo canta con mucho entusiasmo…, pero nada más. “Long Hot Summer Night”, con Al Kooper al piano, es otra de esas canciones tranquilas y sugerentes en las cuales Jimi evidentemente se divertía. Nada del otro mundo, sin embargo. En cambio, su cover de “Come On” de Earl King posee toda la fuerza de una interpretación en vivo, mientras que “Gypsy Eyes” es una verdadera joya en la cual voz y guitarra suenan al unísono, arropadas por un compás irresistible y una ambientación instrumental extrañamente fascinante. Suena como un viejo blues con un arreglo futurista, lo cual contrasta con los teclados a manera de clavicordio con los que inicia la peculiar “The Burning of the Midnight Lamp”, una gran composición (“balada experimental” la han llamado) enriquecida por discretos coros femeninos y una espectacular pared de sonido.

La portada alterna "decente".
  El lado A del segundo disco abre con la fabulosa “Rainy Day, Dream Away”, precedida por un estupendo jam. El tema se desliza de pronto por un feedback que lo hace desaparecer para dar lugar a “1983… (A Merman I Should Turn to Be)”, larga suite que inicia con un tema calmo que de pronto deriva en una serie de instrumentaciones barrocas, cambios drásticos de ritmo, largos y complejos solos de guitarra y batería, pasajes que prefiguran la música ambient, ruidos incidentales, efectos sonoros, todo un viaje que incluye el pre-pinkfloydiano puente “Moon Turn The Tides… Gently Gently Away”, para retornar de súbito a “Rainy Day, Dream Away”, aunque ahora con el título “Still Raining, Still Dreaming”, con el órgano de Mike Finnigan como un muro de contención en el cual el wah wah de la increíble guitarra rebota una y mil veces. Otro de los puntos altos (altísimos) de Electric Ladyland. Por su lado, “House Burning Down” es una de esas composiciones oscuras de las que muy pocos suelen acordarse… y tal vez se lo merezca.
  El álbum concluye de la mejor manera, en su lado cuatro, con dos cortes fundamentales en la trayectoria de Jimi Hendrix. Primeramente, ese cover fuera de serie a una canción de Bob Dylan que es “All Along the Watchtower”. Si el tema original es muy bueno, el arreglo de Hendrix lo inmortalizó al volverlo épico y convertirlo en un clásico de la historia del rock (el solo de guitarra sigue dejando atónito a cualquiera), tan clásico como “Voodoo Child (Slight Return)”, ese monumental blues a la Hendrix de impactante construcción guitarrística, una de las mejores obras del músico, la cual, en sus escasos cinco minutos de duración, parece resumir toda la fuerza, el talento y la sensibilidad que lo imbuía (la letra contiene una frase que parecería premonitoria, si tomamos en cuenta que es el último corte del último disco en estudio del de Seattle que apareció cuando él aún vivía: “If I don’t meet you no more in this world/  I’ll meet you in the next one and don’t be too late”). “Voodoo Child” es una conclusión perfecta para un álbum imperfecto… pero grandioso.

(Reseña que escribí originalmente para el Especial de La Mosca en la Pared No, 19, dedicado a Jimi Hendrix, publicado en abril de 2005).

domingo, 7 de mayo de 2017

Dirty Projectors

Cuarto video de mi canal de YouTube Videos moscosos, con una reseña del nuevo y excelente disco de Dirty Projectors. Ahora lo grabé desde mi iPad y con un fondo distinto. Creo que el sonido es más claro.


sábado, 6 de mayo de 2017

¡Ai viene Mancera!

Que es como decir: ¡ahí viene el lobo! Al menos para algunos que ya dan por hecho quién será el próximo presidente de la república y festejan que las encuestas desde ahora lo encumbren, etcétera.
  El nombramiento de Miguel Ángel Mancera como presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores, la famosa Conago, no es cosa trivial. Todo lo contrario. Algunos analistas lo interpretan como el virtual inicio de la campaña del actual jefe de gobierno de la Ciudad de México (perdón, me gusta decir la Ciudad de México y no el horrible y seco Ciudad de México, sin su bello y femenino artículo determinado, y ya no hablemos de lo de CDMX) y todo parece indicar que así es, dada la tribuna pública que esa presidencia representará durante los próximos doce meses.
  ¿Es saludable política y electoralmente que Mancera abra sus cartas y comience su campaña para el 2018? Por supuesto que sí y aunque de inmediato van a llover los tuits insultantes y difamantes contra su persona, más los artículos adversos desde la prensa “de izquierda”, y se pondrá en su contra toda la maquinaria propagandística de color moreno, creo que tan sólo con el aire fresco que entrará en el enrarecido ambiente de la polaca nacional tenemos para celebrar esta nueva (aunque ya esperada) presencia.
  Falta ahora que se decida a plantear de manera oficial sus intenciones y que los partidos y organizaciones que lo apoyen comiencen a manifestarse. Falta también que los otros partidos grandes, en especial el PRI y el PAN (porque al parecer el PRD se va a decantar por Miguel Ángel), se decidan lo más pronto posible a destapar a sus respectivos precandidatos, a fin de que la competencia sea más pareja y más leal y las encuestas realmente reflejen la realidad de cada uno.
  Celebro la noticia de que Miguel Ángel Mancera pueda iniciar su campaña. A muchos les habrá caído como gancho al hígado; pero así es esto de la democracia, aunque algunos la odien tanto.

(Publicado hoy sábado en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 5 de mayo de 2017

Para dártelas de entendido en rock (10)

Axl Rose le escribió la letra de "Sweet Child O'Mine " a su esposa Erin Everly, hija de Don Everly (de los Everly Brothers). Axl y Erin se casaron, pero su matrimonio sólo duró un mes y su único fruto perdurable fue precisamente esa estupenda canción.

jueves, 4 de mayo de 2017

Tarde con mis hijos

Fui a la casa de Jan y comí con él y con su socio. Todo muy agradable. Vimos algunas cosas del libro cuyas páginas que va a diseñar. Comí con ellos y luego subí a saludar a Alain y Hallet. Todo de maravilla, además de que vi a las mascotas de ambos. A Nikita le tomé algunas fotos padres, como la que adorna este post. Dante no se dejó tomar fotos, je.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Definitely Maybe

El álbum que fundó al brit pop. El primer disco de Oasis es para muchos especialistas y seguidores del grupo su obra cumbre, la más importante, aquella que sintetiza no sólo lo que sería el estilo del grupo a lo largo de los años, sino también buena parte de lo que había sido hasta ese momento (y de hecho lo que sigue siendo, poco más de dos década después) el rock británico, especialmente el que nació en Inglaterra.
  Como si hicieran un recorrido desde los días de la primera Ola Inglesa hasta los del reinado de estilo madchesteriano de finales de los ochenta, las canciones escritas por Noel Gallagher conforman un mosaico no sólo interesante sino muy propositivo, un colorido mural sonoro en el cual encontramos sonidos que nos remiten lo mismo a los Beatles y a los Small Faces que a los Happy Mondays y los Stone Roses. Once son los temas contenidos en Definitely Maybe (1994), once composiciones en las cuales el grupo recupera uno de los aspectos más importantes del rock como género: el uso de la guitarra como instrumento básico y primordial.
  Cuando apareció este álbum, el Reino Unido aún era dominado por la fusión de pop y dance que caracterizaba a los grupos de Manchester. Tuvo que ser precisamente una banda de esa ciudad del norte inglés la que rompiera esquemas y propusiera uno de esos clásicos regresos en espiral que han caracterizado a la historia del rock a lo largo de cinco decenios. Oasis irrumpió con un estilo que sonaba a algo ya escuchado, pero con un sello nuevo y característico. Las canciones de Noel Gallagher no eran novedosas desde un punto de vista armónico, como tampoco lo eran por el lado melódico. No obstante, había en ellas la frescura de lo recuperado, de un pasado dorado que se rescataba y era puesto al día, sobre todo después de tantos años de glam, de new wave y de música disco, de tantos artificios que habían alejado al rock de sus características más orgánicas. El quinteto, en cambio, hacía un rock básico, concreto, ruidoso, provocador, pero diferente a lo que en esos mismos días sucedía en los Estados Unidos, concretamente en la ciudad de Seattle, y que se empezaba a conocer como grunge. No, la música de Oasis era otra cosa. Era le resurrección de lo que treinta años atrás habían propuesto los Kinks, los Who, incluso los Rolling Stones, pero sobre todo el cuarteto insignia de Liverpool: los Beatles.
  Gallagher y sus cuatro compañeros no negaban la cruz de su parroquia; al revés: la asumían y presumían de ella de la mejor manera: haciendo estupendas canciones. Todo esto no quiere decir que Oasis sonara a mil cosas y careciera de un estilo propio. Todo lo contrario. Al escuchar al grupo en Definitely Maybe, uno de inmediato podía identificarlo. Era tal vez la voz gangosa de su vocalista, Liam Gallagher. Eran quizá los acordes del ataque de sus dos guitarras o las perfectas estructuras de cada una de las piezas. El caso es que existía un toque especial que caracterizó a la agrupación desde este su primer opus en todas y cada una de las once piezas, pero sobre todo en maravillas como la entusiasta “Rock ‘n’ Roll Star”, la conmovedora e impactante “Live Forever”, la celebratoria y festiva “Supersonic” y la intensa, melancólica y prodigiosamente épica “Slide Away” (con esa línea apasionada que clama: “Don’t know, don’t care / All I know is you can take me there!”. Uno de los grandes álbumes debut de la historia del rock.

(Reseña que escribí originalmente para el Especial No. 27 de La Mosca en la Pared, publicado en enero de 2006)

martes, 2 de mayo de 2017

La música y Jonathan Demme

La noticia sobre la muerte del director de cine Jonathan Demme no provocó tanto impacto como la de los grandes músicos de rock que fallecieron a lo largo de 2016. Sin embargo, el hombre estuvo siempre muy ligado a la música y sus películas hablan de ello.
  Nacido en Nueva York en 1944, Demme deja un enorme legado cinematográfico que incluye dos documentos fundamentales para la historia del rock: las cintas Stop Making Sense (1984) y Neil Young: Heart of Gold (2006). La primera es la grabación de un grandioso concierto de los Talking Heads, en tanto la segunda homenajea al genio de ese compositor y músico de leyenda que es el canadiense Neil Young. Sobre la primera, Demme había declarado recientemente: “No era un documental, sino que grabé una actuación de los Talking Heads. La comunión con la música en directo es la forma de cine más pura que existe, es un excelente maridaje. La meta no es mostrar la música, sino que el cine interactúe con ella y se convierta en parte de la experiencia”.
  Mas no sólo por eso es importante la relación con la música del realizador de obras maestras como El silencio de los inocentes (1991) y Filadelfia (1993) o de filmes tan sensibles como La boda de Raquel (2008), en la que un personaje comenta: “Preferiría no vivir sin Neil Young”. En varias de sus películas, Demme se regodeó con extraordinarios soundtracks en los que mostró su exquisito buen gusto musical y su tino a la hora de elegir las canciones precisas para los momentos precisos.
  Ahí están estupendas cintas como Algo salvaje (1986) o Casada con la Mafia (1988), cuyas bandas sonoras son verdaderas joyas. Todavía el año pasado, el director hizo un trabajo musical más, al filmar a Justin Timberlake en el documental The Tennessee Kids que puede verse por Netflix.
  Realizador en su momento de videoclips con grupos como New Order, UB40 y los propios Talking Heads, su amor por el rock fue casi tan fuerte como el que sentía por el cine.
  Vamos a extrañar a Jonathan Demme.


(Publicado el día de hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 1 de mayo de 2017

Series en Amazon P.V.

Tercera contribución para el canal de YouTube Videos moscosos. En este hablo sobre la estupenda plataforma de streaming Amazon Prime Video y comento y recomiendo cinco series originales de la misma. Espero les guste y les sea de utilidad.


domingo, 30 de abril de 2017

Tarkus

Apenas en su segundo disco, de 1971, Emerson, Lake & Palmer edificaron una estructura apabullante de rock progresivo en una suite que ocupa todo el primer lado del álbum y que a más de cuatro décadas y media de distancia, sigue asombrando a quien la escucha.
  Conformada por siete partes perfectamente entrelazadas –cuatro instrumentales (“Eruption”, “Iconoclast”, “Manticore” y “Aquatarkus”) y tres cantadas (“Stones of Years”, “Mass” y “Battlefield”)–, “Tarkus” –la pieza de 21 minutos escrita en su mayor parte por Keith Emerson, con algunas contribuciones de Carl Palmer y de Greg Lake (éste sobre todo en las letras)– es una composición épica que tiene pocos rivales en la historia del género (sólo “Thick as a Brick” de Jethro Tull y quizá “Close to the Edge” de Yes se le podrían comparar).
  Respecto al segúndo lado del plato, está conformado por seis cortes estupendos, aun cuando no todos pertenecen al progresivo (“Are You Ready Eddy?” es un simpático rocanrolito con todas las de la ley). Sin embargo, temas como “Bitches Crystal” y “A Time and a Place” cumplen con todos los requisitos para ser considerados como prog rock. Tarkus es una obra maestra de ELP. Un imprescindible.


(Reseña publicada originalmente en el especial de La Mosca en la Pared No. 46, editado en febrero de 2008 y dedicado al rock progresivo; fue el último número de la serie –¡snif!– en aparecer)

sábado, 29 de abril de 2017

Nuestros imprescindibles políticos

En general y seguramente con algunas excepciones, nuestra clase política, como la de muchas partes del mundo, está podrida. Hay en ella corrupción, negligencia, incapacidad, incultura, oportunismo, vileza, estulticia, mezquindad y muy escasa inteligencia.
  ¿Qué hacer con ella? Muchos sugieren eliminarla de tajo; prescindir de los políticos, incluidos aquellos que componen la clase gobernante. Suena muy bonito. Pero, ¿quién llenaría ese vacío? Porque habría que llenarlo.
  Un país requiere quién y quiénes lo gobiernen. Bajo el régimen que sea (democracia, dictadura, monarquía), se necesita un gobierno. Aún no ha existido un país guiado por la anarquía que, en su propia definición, es la negación del gobierno. ¿Qué queda, un gobierno de todos? Falacia total, utopía absurda: si todos fuéramos gobierno, ¿a quién gobernaríamos?
  No hay salida: querámoslo o no, la clase política es imprescindible. Se puede regenerar con mejores cuadros, con gente más preparada, con personas que tengan vocación de servicio y que no vean en la política la oportunidad de enriquecerse. ¿Existen tales personas? Posiblemente. ¿En dónde están? No tengo la menor idea y habría que ver si les interesaría convertirse en políticos.
  Así pues, la idea de desaparecer a la clase política no deja de ser un buen mal deseo imposible de realizar. Se dirá que entonces hay que dar oportunidad a quienes aún no han ejercido el gobierno. Suena bien y sin embargo...
  En el caso de México, ¿cuál partido no ha gobernado? Todos lo han hecho y han demostrado que están cortados con la misma tijera. Quizás estrictamente hablando, Morena no ha tenido esa oportunidad. No con esas siglas, pero las personas que lo conforman, empezando por su propio líder, sí que han ejercido el gobierno y los resultados han sido similares a los que hemos visto con el PRI, el PAN o el PRD.
  No olvidemos, como dijo Giovanni Sartori, citado hace unos días por Héctor Aguilar Camín, que las alternativas pueden ser peores.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 28 de abril de 2017

Para dártelas de entendido en rock (9)

La canción "Layla" fue escrita por Eric Clapton para conquistar a la esposa a George Harrison, Patty Boid, y literalmente robársela. Layla era el sobrenombre que Clapton le había dado a ella, inspirado en una leyenda oriental en la cual aparece una princesa llamada así.

jueves, 27 de abril de 2017

Visita a Milenio

Hacía tiempo que no iba a las instalaciones de Milenio y me dio mucho gusto visitarlas esta tarde. Fui a llevar unos ejemplares de Emiliano que puse en manos de Carlos Marín, Carlos Puig y Verónica Maza. Con Marín estuve platicando muy a gusto y con Vero también. Saludé asimismo a mis queridos Claudia Amador, Susana Moscatel y Álvaro Cueva, quien me saludó con una mención a mi canal de YouTube. Una grata incursión milenaria.

miércoles, 26 de abril de 2017

"Americana" de Ray Davies, un videocomentario

Este es mi segundo video para el canal Videos moscosos, en el que me refiero al nuevo y magnífico disco del gran jefe kink Ray Davies: Americana. Ojalá lo disfruten (el video y el disco).


martes, 25 de abril de 2017

El americanismo de Ray Davies

Hablar de Ray Davies es hablar del mejor cronista sociomusical que ha dado la historia del rock. Desde que se iniciara como líder del cuarteto británico The Kinks, a principios de la década de los sesenta, sus letras retrataron la vida cotidiana, individual, social y política (incluso económica) de los ingleses. En cuanto a su música, ésta abrevaba lo mismo del blues, el folk, el country y el rock n’ roll llegados de los Estados Unidos que del skiffle y la música de vodevil más londinense.
  Davies es una leyenda andante, uno de los grandes sobrevivientes de la llamada Ola Inglesa que cambió la historia del rock por allá de 1964 y es también el virtual progenitor de lo que en los noventa se conoció como el brit-pop. Agrupaciones como Blur, Oasis y Pulp le deben muchísimo al creador de “You Really Got Me” y “Low Budget”, entre cientos de grandes canciones más.
  Quién iba a decir que el más british de los británicos iba a confesar, primero en su más reciente libro autobiográfico y luego en su nuevo disco, su gran amor y admiración por los Estados Unidos de América.
  Americana (Legacy, 2017) se llama el flamante álbum de Ray Davies, en el que se hizo acompañar por uno de los grupos más emblemáticos del alt-country: los excelentes Jayhawks. Una quincena de nuevas composiciones conforman el plato que no tiene desperdicio y con el que, a sus casi 73 años, el músico se muestra en plenitud creativa e interpretativa.
  Curiosamente y contra lo que el nombre del disco podría sugerir, no se trata de una colección de composiciones basadas de manera exclusiva en el alt-country (hoy denominado americana), sino en la visión y la experiencia que musical y existencialmente ha tenido Davies como habitante de ese país al que ha adoptado, al irse a vivir a Nueva Orleans.
  Grabado en los estudios Konk de Londres, Americana es un estupendo álbum y un reencuentro del buen Ray con lo mejor de su sensibilidad y su talento. Un trabajo que vale muchísimo la pena.

(Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)

lunes, 24 de abril de 2017

¿Por qué ya no voy al cine?

Este es el primer video de mi canal Videos moscosos que espero ir enriqueciendo poco a poco (aunque no tan poco a poco, je).
  En la primera entrega, hablo sobre por qué ya no me gusta ir a las salas cinematográficas. A ver qué les parece.


domingo, 23 de abril de 2017

Woody Allen y su crisis... en seis escenas



¿Debió entrar Woody Allen al mundo de las series? Para muchos fue un gran error, ya que él mismo confesó que no estaba muy seguro de querer hacerlo. Para otros, se trató de un acierto, ya que –aseguran– las series son la nueva manera de hacer arte a estas alturas del nuevo siglo.
  Luego de ver los seis capítulos que conforman Crisis in Six Scenes (2017), la serie que Allen escribió, dirigió y actuó para la plataforma de televisión por streaming Amazon Prime Video (APV), lo único que me queda claro es que las dos posiciones tienen su parte de razón.
  En 1977, el buen Woody había dicho, por medio de su personaje Alvy Singer en la grandiosa cinta Annie Hall, que la gente de Beverly Hills no tiraba la basura sino que la convertía en programas de televisión. De ese tamaño era su aversión por lo que en esa época se llamaba, desde una postura intelectualoide y un tanto exhibicionista, la caja idiota.
  ¿Qué lo llevo a cambiar si no de opinión si de posición 40 años después? Pudo ser el dinero que le pagaron, ciertamente, o tal vez la curiosidad por adentrarse en un medio de expresión cada vez más gustado, incluso a costa del propio cine tan amado por Allen.
  Pero vayamos a Crisis in Six Scenes. Vi de un tirón los seis capítulos de poco menos de media hora cada uno y mi balance se quedó en un difícil equilibrio intermedio. Me explico: como fan fatal (lo confieso) de la obra cinematográfica y literaria de quien naciera en 1935 como Allan Stewart Königsberg, cuando me enteré de que APV iba a estrenar una serie dirigida por Woody Allen, mi entusiasmo no tuvo límites y cuando el entusiasmo no tiene límites conduce a la creación de enormes expectativas que pueden derrumbarse como un castillo de naipes (sorry por el lugar común).
  Apenas se estrenó en México, hace poco menos de un mes, me dispuse a verla como si de una nueva cinta alleniana se tratara (porque en el fondo eso es: una nueva película del director, sólo que con cerca de tres horas de duración).
  El título es engañoso, ya que jamás discernimos cuáles son las dichosas seis escenas que conforman la serie. Hay seis capítulos, cierto, pero cada uno contiene una buena cantidad de escenas (¿quizá seis? No las conté). No obstante y haciendo caso omiso de ello, estamos ante una historia que se desarrolla a mediados de los años sesenta de la centuria pasada, justo cuando los viejos valores del más tradicional american way of life colisionan con la ideología hippie, el auge de las drogas psicodélicas, la lucha por los derechos civiles, la revolución sexual, la explosión del rock, etcétera.
  La anécdota central se centra en la llegada de una militante radical al hogar de una pareja octagenaria y suburbana de la clase acomodada: los Munsinger. La militante (interpretada por una no del todo convincente Miley Cyrus) ha cometido un crimen y busca dónde esconderse. La casa que elige parecería ser la ideal y no, ya que el matrimonio que la habita reacciona de diferente manera ante su súbita y peligrosa presencia. La esposa, Kay (una estupenda Elaine May), la acoge porque la conoce desde pequeña, mientras que el marido, Sidney (un nervioso Woody Allen), la rechaza desde un principio a partir de su ideología conservadora y su miedo a la autoridad. De aquí surgen la historia principal y todas las historias secundarias (que no contaré para no ser un spoiler).
  Valga decir que las historias secundarias contienen quizá lo mejor de la serie, con personajes muy divertidos, en especial el club de lectura de ancianas (ver foto principal) que se reúne en casa de los Munsinger para leer  a Kafka y luego a Marx y Mao Tse Tung.
  Las referencias de época son muy buenas también, así como la musicalización (¡que esta vez incluye rock!). Lo que parecería faltar es una dosis de enjundia, tanto en la dirección como en la actuación del propio Allen. A pesar de que muchos de los mejores gags los reservó para su personaje (hay frases y diálogos de antología, como siempre), se percibe una falta de convencimiento que no sé si se deba al cansancio lógico por la edad (Woody cumplió 81 años en diciembre pasado) o a que hizo la serie más por compromiso que por vocación. De hecho, el capítulo final, que de algún modo parece ser un homenaje a la famosa escena del camarote de Una noche en la ópera de los Hermanos Marx y que incluye hasta a un par de integrantes del grupo radical negro Black Panthers, no está bien logrado. La idea es muy buena, pero Allen no supo sacarle el suficiente partido a lo que pudo ser una culminación divertidísima de la serie.
  ¿Está en crisis creativa el gran Woody Allen o simplemente no se le dan las series? No tardaremos en saberlo.
  Un apunte final: Crisis in Six Scenes se inscribe en un repentino auge de las series que tienen como tema la década de los años sesenta del pasado siglo y cuyo único antecedente exitoso era la genial Mad Men. Hoy día, pueden verse Aquarius (que acaba de estrenar Netflix, serie policiaca sobre el surgimiento de Charles Manson, con David Duchovny en el papel de un curioso detective) y las excelentes American Playboy (The Hugh Hefner Story) (que como su nombre lo dice, narra la historia del fundador de la revista Playboy, entremezclando ficción con documental), An American Girl Story – Melody 1963: Love Has to Win (la historia de una niña afroamericana llena de optimismo y fantasía y cómo desde su perspectiva infantil contempla los problemas raciales y los inicios de la lucha por los derechos civiles en los Estados Unidos) y Good Girls Revolt (la cual cuenta la rebelión de un grupo de reporteras y redactoras de la revista News of the Week, quienes en 1969 pelean por ser reconocidas y aparecer en los créditos de la publicación, hasta entonces sólo signada por periodistas hombres), las tres últimas producidas y transmitidas por Amazon Prime Video.
  Todo un banquete para los diletantes de las buenas series.
 
(Publicado hoy en "El ángel exterminador" de Milenio)

sábado, 22 de abril de 2017

La sonrisa de Duarte

Esa sonrisa enigmática, peculiar, tan llena de lecturas. Esa sonrisa que nos obliga a mirar el rostro que la prodiga. Esa sonrisa inquietante, turbadora, sobrecogedora.
  No, no me refiero a la sonrisa de la Gioconda de Leonardo da Vinci, la famosa Mona Lisa. No hablo de esa obra de arte del Renacimiento. No es su sonrisa la que me intimida, sino la sonrisa irónica, sarcástica y delirante de Javier Duarte, el ex gobernador de Veracruz, durante su reclusión en las cárceles guatemaltecas. Sonrisa que se combina con una mirada de ojos desorbitados y desquiciados. Rostro de personaje de dibujos animados. De villano lunático y vesánico.
  Duarte, el famoso Javidú, tiene sacudido a todo el país. Quienes criticaban al gobierno su incapacidad y falta de interés por capturarlo, ahora chillan porque lo atraparon “con fines meramente electoreros” y para perjudicar, but of course, al amo y señor de los complots orquestados contra él, aunque ya sabemos que lo que diga el ex góber veracruzano en contra de los buenos será mentira y no debemos creerle. Palabra de Mesías.
  Pero volvamos a la sonrisa de quien se perfila para ser el personaje del año en México. “Seré curioso, señor ministro, ¿de qué se ríe?” rezaba hace 40 años una letra de Mario Benedetti que cantaba Nacha Guevara. Lo mismo podríamos preguntarle a Duarte: ¿de qué demonios se ríe? De puros nervios, dicen algunos. De que sabe que no le van a hacer cosa alguna, aseguran otros. ¿Se ríe de sí mismo, se ríe de los mexicanos?
  O se ríe quizá de lo que vendrá cuando comience a soltar la sopa y se conozca toda la red de complicidades que lo rodea y que al parecer toca a algunos partidos, en especial al PRI y a Morena, al que se asegura financió con varios millones durante la pasada campaña electoral jarocha. Si eso es cierto o no, la justicia tendrá que dilucidarlo.
  La sonrisa de Duarte ha puesto a temblar a muchos y ha borrado la sonrisa de sus caras. ¿El que sonríe al último sonríe mejor? Ojalá que el que ya sonría sea México.

(Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario)

viernes, 21 de abril de 2017

Para dártelas de entendido en rock (8)

La famosa frase de "Smells Like Teen Spirit" de Nirvana, "Here we are now, entertain us", era algo que Kurt Cobain solía decir en broma cada vez que llegaba a una fiesrta o reunión y trataba de romper el hielo. 

jueves, 20 de abril de 2017

Flecha en el azul

Me gustan mucho los libros de memorias. De los más recientes, me han encantado el de Daniel Cosío Villegas, el primer tomo de Mi lucha de Karl Ove Knausgard y los fragmentos que he leído de la vida de León Trotsky contada por él mismo.
  Ahora acabo de terminar Flecha en el azul (Alianza Editorial, 1973), el primer tomo de los cinco que componen la autobiografía de Arthur Koestler (1905-1983), el escritor húngaro y universal, amante de todas las luchas perdidas, quien con un estilo ágil, entretenido y con buenas dosis de humor negro que no duda en aplicarse a sí mismo, cuenta los primeros años de su infancia y adolescencia, hasta los 19 años de edad. Gracias a su pluma, conocemos la Hungría y la Austria de las dos primeras décadas de la centuria pasada, la gente con la que convivió, la inestabilidad familiar que hacía que los Koestler cambiaran de casa y de ciudad con mucha frecuencia, la relación con sus padres, sus primeros amores, su descubrimiento de la causa sionista y su primera aventura en el Israel de aquellos primeros años del siglo XX.
  Una narración espléndida, publicada originalmente en 1953, del autor de esa novela asombrosa y durísima que es El cero y el infinito.
  Poco a poco iré leyendo los cuatro tomos restantes.

miércoles, 19 de abril de 2017

Slowhand

Uno de los álbumes clásicos del Clapton solista, Slowhand (su viejo apodo de “Mano lenta”), grabado en 1977, quizás haya sido ligeramente sobrevalorado como un todo, aunque contiene algunos de los temas más notables de la carrera del británico.
  Con una madurez notoria como guitarrista que apuesta más a la expresión y el sentimiento que a la velocidad y la técnica (ahora sí era un mano lenta, pero en el mejor sentido de la palabra), el Clapton de este disco resulta más cálido, más íntimo. De ahí que composiciones como la preciosa “Wonderful Tonight” –que con otro intérprete seguramente habría caído en la cursilería–, con el buen Eric suene tan dulce como conmovedora. También están la llena de gracia “Lay Down Sally” –con su perfil entre bluesero y campirano–, la contundente “Cocaine” (otra canción de la autoría de J.J. Cale, al igual que “After Midnight”), el alegato contra los celos que es “Next Time You See Her” o la enorme y jammeada “The Core”, para muchos el mejor corte de Slowhand.

martes, 18 de abril de 2017

Apuntes sobre el rockcito (y II)

En la primera parte de esta serie de dos artículos, prometí explicar lo que entiendo por “rockcito” y algunas otras cuestiones aledañas.
  A lo que llamo rockcito es a ese falso estilo deslactosado y pasteurizadao, despojado del alma y el espíritu originales del rock, esa música que reniega y/o desconoce las raíces negras del género y en cambio ha adoptado una promiscuidad a la que disfraza de fusión, una promiscuidad facilona en la que lo mismo caben el pop español y argentino de los noventa, la balada simplona de los ochenta, la cumbia más rascuache, la música grupera, lo peor de la música andina, el bolero a la Luis Miguel, la canción ranchera en su vertiente más anodina y lo que se les va ocurriendo a sus perpetradores.
  Tal vez todo esto no tendría problema si realmente tales subgéneros se fusionaran con el rock. Sin embargo, con notables excepciones (La Barranca, Real de Catorce y Jaime López podrían servir como ejemplo de lo que significa la fusión entre el rock y los géneros auténticamente populares), lejos de fusionar, lo que han hecho y siguen haciendo los hacedores del rockcito es ataviarse como roqueros, moverse en un supuesto ambiente roquero y escribir y tocar baladas poperas, música grupera, cumbias mal hechas, etcétera.
  No es que pida que los músicos que dicen tocar rock incorporen al blues, al funk o al soul en sus propuestas, en absoluto. Se trata de conservar, como ya dije, el alma y el espíritu que dieron origen a esta música que tiene más de seis décadas de existencia.
  No obstante, el rockcito y sus derivados (el rockcitito, el rockcititito y el rockcito ñoño) –tan llenos de infantilismo, incultura, puerilidad, tontería y chabacanería– ignoran todo esto y sus propuestas (por llamarlas de algún modo) se convierten, en su mayor parte, en una música desangelada, vacua, olvidable y desechable.
  Es un rock falso hecho por falsos roqueros para un público falseado, borreguil y manipulable.
  Nuestro inefable rockcito.

(Publicado el día de hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección ¡hey! de Milenio Diario)